Las Tonina es una ciudad ubicadad a 320 kilómetros de la capital porteña. Además de ofrecer playas angostas y ambiente familiar, es la puerta de entrada a Internet para todo el país.
Es que en Las Toninas se construyeron las estaciones de amarre para recibir los cables submarinos que le dan Internet a todo el país.
Cada usuario le paga a un proveedor por el acceso a la Web y estos son conectados a un nodo central de esa empresa. Ellos son los que le “compran” Internet a los proveedores instalados en Las Tonina y ahí llega la conexión global. Por eso a la ciudad la bautizaron “Capital Nacional de Internet”.
Si bien el futuro llegó a esa ciudad en 1995, pero recién en 2012 sus habitantes pudieron contratar banda ancha.
Los cables de Internet
Suena simple, pero es así: hay unos cables que entran desde el mar a estaciones de distribución, que después comparten Internet con el resto del país. El tamaño del cable es similar al de un pelo. Lo que se ve tiene 7 cm de diámetro, pero el cable propiamente dicho es de tamaño ínfimo. Es de fibra óptica y tiene cuatro pares de hilos finos que transmiten la información en forma de luz, que viene de diferentes partes del planeta. Estos “hilos” transportan información a 1.6 Terabytes (TB) por segundo.
¿Si se cortan los cables se corta Internet en todo el país?
No, pero casi. Aunque hay otras conexiones, varios proveedores importantes utilizan el acceso que brinda Las Toninas. Si hubiera una falla, hay un sistema de respaldo, un anillo de tráfico que permite que si el corte es en el océano Atlántico se salga por el Pacífico y viceversa.
Si se cortara el cable que entra a Las Toninas están preparados para solucionarlo. Lo malo es que el proceso de reparación puede tardar 20 días: se envían barcos con expertos y utilizando ganchos y robots que levantan las dos puntas para poder arreglarlo. Lo de hoy, dicen, fue una falla en los proveedores internacionales y no en los cables propiamente dichos.
