Ni la Suprema Corte ni la Procuración parecen haber leído los reclamos que vienen desde las bases. No son planteos nuevos; al contrario: tienen que ver en algunos casos con necesidades históricas, que se suman a cuestiones filosóficas y hasta ideológicas sobre cómo tiene que funcionar el sistema judicial. Y si bien no se trata de determinar quién tiene razón, está claro que existe un divorcio entre los dos organismos regentes de la Justicia mendocina y sus subordinados.
El desplante programado por los jueces del fuero civil es una señal más que clara de que la relación atraviesa su peor momento. Pero hay más: nada garantiza que no se genere un efecto dominó, y que las diferencias comiencen a ganar espacio en el resto de los tribunales.
En el Ministerio Público, la situación no es diferente, aunque por ahora las protestas son en voz baja, casi en secreto; básicamente, porque los operadores (fiscales, ayudantes fiscales y auxiliares) se sienten vigilados y temen sanciones. Pero no hay dudas de que existe disconformidad con algunas medidas.
Olor a rebelión en la Justicia
