Cuando eran chicos estaban en vigencia los vendedores ambulantes, pero no los que ahora les producen acidez al Viti, sino los que recorrían las calles ofreciendo sus productos. Recuerdo al achurero, por ejemplo, al lechero que venía con el tachito medidor de un litro de 800 milímetros cúbicos, recuerdo al afilador con su silbato de varias notas que lo identificaba, recuerdo al pescadero que anunciaba su mercadería a viva voz. ¡Tengo sábalo, pacú, mirubí, surubí! ¡Tengo bagres, tarariras, patí, pamí también!” ¡ A una vecina mía le dicen cornalito, porque sale con medio mundo! ¡Tengo besugo, brótola, pez espada, pez de bastos, pez de oro! ¡Tengo abadejo y arribejo! ¡Tengo congrio, corvina, lenguado y orejeado! ¡Tengo salmón, y FM trucha! ¡ Tengo pescuezo, pes adilla, pes taña y pes ticida! ¡Tengo el pescado metalúrgico, o sea, pes Carmona! ¡ Y las señoras se agolpaban alrededor de su carro preguntando si la mercadería era fresca. ¡Más fresca que Walt Disney! Contestaba el pescadero. Pues parece que estamos reeditando a estos personajes del pasado, porque el Gobierno nacional ha lanzado su campaña Pescado para Todos, que no es lo mismo que todos son unos pescados. Se trata de fortalecer el consumo de la sociedad de productos ictícolas, por lo que no se entiende por qué en vez de pescados no traen ictis. La merluza es la vedete de esta promoción, cosa que alegra mucho a todos, salvo a las merluzas. Conozco a una señorita a la que le dicen merluza, le sacás la cabeza y todo lo demás sirve. Ya se han vendido más de diez toneladas de merluzas, aparentemente todas muertas. El precio es ampliamente más barato que el precio de las pescaderías tradicionales. La gente se abalanza sobre los camiones y agradece la iniciativa del Gobierno. Es como un gran delivery de merluza lo que están haciendo, porque abarca a todo el país. Podría usarse el sistema de Pescado para Todos para instrumentar asado para todos, pollos para todos, pizzas para todos, y ya más adelante, trabajo para todos, y más adelante aún, Viagra para todos. Que en definitiva se trata de ser feliz al menor costo posible. En fin. ¡Las merluzas salen con fritas