Marilyn Monroe sería hoy una venerable anciana de 90 años. Engrosando a la legión de admiradores del mito más venerado del siglo XX, nos atrevemos a aventurar que los años no habrían hecho mella en ella. Inmune a su paso, Marilyn será ad eternum la rubia más deseada.
Sus inicios
Su primer trabajo fue como modelo a los 18 años cuando el fotógrafo Henrik Manukyan la descubrió mientras trabajaba en una fábrica de municiones que abastecía al Ejército americano en la Segunda Guerra Mundial.
Enamoradiza
“Sola. Estoy sola. Siempre estoy sola. Sea como sea’, escribía en sus diarios. Todo parece indicar que buscaba consuelo en sus relaciones sentimentales sin considerar las consecuencias que las mismas podían reportarle.
Contrajo matrimonio a sus tiernos dieciséis años, con James Dougherty, el delegado de su clase en ‘el insti’ que ¡increíble! le fue infiel poniendo fin a la unión. En 1954 se casaría con el célebre ídolo del béísbol, líder de los Yankees, Joe DiMaggio. El matrimonio entre el deportista y la diva de Hollywood era la materialización del sueño americano. Los celos del conservador bateador llevarían al matrimonio al naufragio. Arthur Miller fue su tercer cónyuge. Se conocieron en 1951, ella tenía 25 años y él, diez más. Se casaron cinco años después. El dramaturgo, ganador de un Pulitzer, logró que se convirtiese al judaísmo para formalizar su unión. La de Miller parece ser su unión más sólida. El intelectual supo ver más allá de su físico, vislumbrando un intelecto que sin lugar a dudas la sex symbol poseía.
Muchos amantes
La lista de amantes de Marilyn es, presuntamente, inconmensurable. Las fuentes citan entre ellos a Yves Montand, Tony Curtis y La Voz (Frank Sinatra), pero quienes más destacan son, sin lugar a dudas, los hermanos Kennedy. Su relación con John y Robert, documentada en los archivos del FBI y la CIA, ha hecho historia.
La sensualidad, su fortaleza
Le aterrorizaba la idea de ser considerada la típica rubia tonta de Hollywood y por eso gustaba de ser fotografiada leyendo libros. También le encantaba rodearse de escritores famosos, como Truman Capote o el que acabaría siendo su marido, el dramaturgo Arthur Miller. Miller, también guionista de Hollywood (de su pluma salió Vidas rebeldes), escribió sobre ella: “Marilyn Monroe es la prueba suprema de que la sexualidad y la seriedad son incompatibles, y no pueden coexistir en la mente norteamericana”.
Sus secretos de belleza
No era rubia, sino castaña. Su primer representante le aconsejó teñirse de rubio platino para aumentar las posibilidades en su carrera. Más adelante se hizo operar la nariz y la mandíbula. Sus formas voluptuosas encandilaban a los hombres. Pero a veces le daban problemas para embutirse en ciertos vestidos. Cuando eso le ocurría, tenía una solución casera y efectiva: adelgazaba aceleradamente a base de lavativas. Un par de ellas le permitían perder unos tres kilos en 24 horas. Los contoneos de sus caderas alimentaron los sueños de muchos hombres. Tenía un truco para acentuarlos: seccionar uno de los tacones de su calzado medio centímetro más que el otro. Sus medidas eran perfectas según los cánones: 90-60-90. Su color favorito era el blanco. El vuelo de la falda de su inmaculado y sugestivo vestido de este color sobre las rejas del metro en La tentación vive arriba forma parte del imaginario popular.
Muerte
La versión oficial señala que Marilyn Monroe falleció el 5 de agosto de 1962 a causa de una sobredosis de barbitúricos en su casa de Brentwood, California. Sus restos se encuentran en el Cementerio Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles, California.

