Tal vez porque es relativamente económico, o porque queda bien con todo, o porque forma parte de cualquier picada en nuestro país, el maní es posiblemente el “fruto seco” más popular.
Ponemos las palabras “fruto seco” entre comillas, ya que en realidad no se trata de un fruto seco propiamente dicho. Si bien normalmente se lo relaciona con otros frutos secos, la realidad es que el maní es una fabácea de la cual se consumen las semillas. Esto quiere decir, básicamente, que en realidad el maní es un pariente más cercano de porotos y garbanzos que de nueces y almendras.
Es uno de los alimentos más consumidos a nivel global, tanto las semillas sueltas como sus principales subproductos: la manteca de maní (o mantequilla) y el aceite de maní. La mantequilla de maní es inmensamente popular en muchos países del mundo donde se vende industrializada y se utiliza para sándwiches y postres. En nuestro país, si bien no consume mucho suelta, es el ingrediente principal del postre navideño Mantecol, y del relleno de los famosos Bonobon.
El aceite de maní es un elemento tradicional de la cocina en buena parte de Asia y África, aunque en Argentina no se consume mucho y de hecho no es fácil encontrarlo a la venta.
Ahora, entonces, qué es lo que hace del maní un alimento tan consumido a nivel mundial? Para comenzar, obviamente podemos citar su delicioso sabor, suave y bastante adictivo. Generalmente se consume tostado, y también podemos encontrarlo dulce en forma de maní japonés o garrapiñadas.
El hecho de que sea tan adictivo se debe a la presencia de triptófano, un componente químico que fomenta la segregación de serotonina en el cuerpo, la hormona del bienestar. Por eso es que el maní es un poderoso aliado para combatir la depresión.
Dentro del reino vegetal, así como ocurre con las demás leguminosas, es uno de los alimentos con mayores concentraciones de proteínas de fácil asimilación por el cuerpo (a diferencia de las encontradas en los alimentos de origen animal, que además contienen grasas saturadas).
Contiene altos niveles de grasas vegetales monoinsaturadas, por lo cual ayuda a reducir el colesterol malo, a regular el nivel de azúcar en el cuerpo y a equilibrar el funcionamiento del hígado.
Contiene numerosos minerales (calcio, magnesio, manganeso, cobre y hierro, entre otros) y vitaminas (sobre todo del complejo B, como B1, B2, B6 y B9), todos ellos nutrientes fundamentales para el cuerpo humano.
Contiene cantidades importantes de ácido fólico, por lo cual es ideal para consumirse en etapas de crecimiento (como niños, mujeres embarazadas, lactantes, etc).
Por su contenido de polifenoles antioxidantes y resveratrol, es considerado un potente anticancerígeno.
Si bien cuenta con todas estas propiedades beneficiosas, también vale la pena mencionar que se trata de un alimento altamente calórico, por lo cual es ideal regular su ingesta y evitar los excesos, ya que contiene muchas grasas y puede contribuir al aumento de peso.
La idea detrás de este artículo es desmitificar un poco el consumo de maní, el cual a veces se critica por ser alergénico o porque contribuye al aumento de peso. Si bien estos hechos son ciertos, hay muchos alimentos alergénicos, por lo cual las personas alérgicas simplemente deben consumirlos con precaución, y en el caso del aumento de peso, sólo basta con evitar el consumo en exceso.
¡Esperamos que puedan incorporar el maní en alguna de sus presentaciones a su mesa cotidiana! Es un muy buen aditivo para ensaladas, guisos, arroces, etc.
Quique Fontán Balestra
