Días antes de ser brutalmente asesinado con un elemento contundente, Facundo Nicolás Martínez había hecho realidad uno de los sueños de su madre: terminar la secundaria. Incluso, el adolescente de 17 años había comenzado a buscar trabajo y hacía algunas changas en el barrio para dar una mano en su casa.

La noche del viernes 8 de diciembre, Nicolás, como lo llamaban sus conocidos, fue a cenar con el profesor que había elegido como padrino de graduación, ya que el docente no iba a poder asistir al acto de colación.

Pasada la medianoche, ya durante la madrugada del sábado 9, el chico regresó a su casa del barrio Amanecer de Oro. Feliz, le enseñó a su madre, el perfume que le había regalado su docente, con motivo del egreso. Luego, le dijo que iba a ir a un cumpleaños en una casa del barrio 9 de Julio, situado a escasos metros. La mujer no estaba del todo convencida, pero Nicolás le explicó que iría con su primo, para que no se preocupara.

Horas después, todo terminó en el peor de los desenlaces posibles: pasadas las 4, a la madre de Nicolás la despertaron los gritos desesperados de su sobrino.

Cuando se levantó, se encontró con que el joven traía a su hijo completamente ensangrentado, con una grave herida en el pecho. Un vecino los ayudó a trasladarlo en su auto al Hospital Central, pero, cuando llegaron, los médicos de la Guardia no pudieron hacer nada, ya que el chico había perecido en el camino.

Al cabo de algunas horas, personal de la División Homicidios detuvo al hombre que todos marcaron como presunto autor. Se trató de Ariel Alejandro Ramos, conocido como Hilacha, un conductor de colectivos de 49 años.

Fue imputado días después por homicidio simple y llevado a la cárcel, donde permaneció hasta el 17 de enero, cuando enfrentó una audiencia de prisión preventiva con el juez David Mangiafico, del Sexto Juzgado de Garantías. Ese día, le dictaron la preventiva pero se le brindó el beneficio de la detención domiciliaria.

El hecho de que el acusado regresara a su vivienda, ubicada a escasos metros de la casa de víctima, generó un profundo repudio por parte los familiares y amigos de Nicolás Martínez, que decidieron organizar una marcha a principios de este mes en la vereda de la vivienda donde pasa sus días el Hilacha.

La madre de la víctima, Belén Videla, habló con El Sol y apuntó contra la decisión de la Justicia. “Cuando me enteré de que esa persona (por Ramos) estaba en su casa, sentí como si hubiesen asesinado a mi hijo de nuevo”, contó al borde de las lágrimas y sentenció que lo único que desea es que “se haga justicia” y que “los asesinos” de su hijo “paguen por lo que hicieron”, ya que uno de los hijos del imputado también está en la mira por el hecho de sangre.

Pelear por la familia

La discusión que terminaría con la muerte de Nicolás Martínez se originó cuando el primo al víctima tuvo un altercado con un hijo del señalado matador. De acuerdo con la investigación, el familiar de la víctima le habría reclamado por la mala calidad de la droga que le había vendido. Eso provocó la furia del hijo de Ramos, que habría enfrentado al menor, que en ese momento tenía 15 años. Entonces fue cuando Nicolás “saltó” a defender a su pariente, diciéndole al agresor que “se metiera con alguien más grande”.

Según testigos, el altercado fue subiendo de tono y se trasladó hasta el exterior de la vivienda de los Ramos. Allí fue donde el Hilacha y otros hijos habrían intervenido en la situación y terminaron persiguiendo a la víctima cuando ya estaba de regreso a su barrio, informaron fuentes policiales.

Cuando lo alcanzaron, lo tumbaron al piso y Ariel Ramos le clavó en el pecho, a la altura del corazón, la chapa de una cerradura, de acuerdo con la reconstrucción del hecho.

Para los pesquisas, aún queda pendiente determinar si los hijos del Hilacha también participaron en las agresiones contra Nicolás Martínez.