La pandemia de coronavirus paralizó a la mayoría de las actividades comerciales, incluida la industria del sexo, ya que los encuentros están restringidos para evitar los contagios.
Sin embargo, hay tres “telos” del partido de Hurlingham, en el oeste del conurbano bonaerense, que se encontraron con una forma de sobrevivir o de reciclarse, al menos mientras dure la emergencia: servirán para descomprimir la necesidad de camas durante la emergencia sanitaria que desató la crisis de la COVID-19.
La idea surgió de la necesidad. Como Hurlingham tenía pocas camas en hospitales y ninguna de hotelería tradicional, las autoridades municipales propusieron a los dueños de estos lugares usar las casi 80 plazas -que da la suma de estos tres establecimientos- para que los eventuales pacientes leves con coronavirus pudieran hacer la cuarentena allí.
Finalmente, después de una inspección del Ministerio de Salud bonaerense, decidieron que por cuestiones de seguridad de los pacientes se alojaran allí trabajadores de la salud que sean derivados para desempeñarse en el hospital que el Gobierno nacional levanta contrarreloj en esa ciudad, los obreros de esa construcción y unos 30 policías enviados como refuerzo a la zona para controlar el aislamiento obligatorio.
