Es una psicopateada básica que les dio mucho resultado pero como casi todos sus trucos ya no rinde lo mismo aunque insistan porque muchas coartadas ya no tienen.

Ya los conocemos demasiado.

¡Ey, magos, ya sabemos que la moneda no estaba en mi oreja, que no cortaron a la chica por la mitad y que a la carta la tenían en la manga!

Sin embargo no dejan de usar el mismo truco.

Ante cualquier hecho, cualquier acusación, cualquier acción real, la horda fanática en la que penosamente se han convertido muchos seguidores del gobierno coso se arma hasta los dientes con argumentos que nunca responden al hecho en sí sino a la idea preconcebida que tienen sobre lo que su adversario cree y opina. Es más fácil para ellos saber qué quiere el otro que para Los Palmeras averiguar qué quería la Chola. Y eso que el grupo santafesino no tardó nada en saber que la Chola quería que la besaran.

El otro quiere el mal, siempre.

¿Cómo lo saben?

Porque ellos son el bien, entonces, si estás en contra, es obvio que querés el mal. Fue allá por 2009 en un acto en Rosario donde el difunto Kirchner dijo: “Nos atacan no por lo que nos falta hacer o por lo que hicimos mal. Nos atacan por lo que hicimos bien”.

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La frase es de una perversidad pasmosa y caló hondo en una generación que está convencida que es bella, buena y merecedora de lo mejor y por eso la agreden. Subidos a un banquito moral del que con dedito acusador y mirada socarrona juzgan todo el tiempo actos y pensamientos de “el otro”, concepto que también usan, en una vuelta genuina de sadismo para decir que “la patria es el otro”.

“Soy tan bueno, hago tan bien las cosas que hay que hacer, que es por eso que me criticás. Vos estás del lado de los malos, eso pasa”.

El tema es que al banquito se le gastaron las patas, se hundió en el barro y desde ahí abajo siguen gritando como si le importara a alguien.

Así, no hay gente que no da más, que quiere a sus hijos en la escuela o que necesita imperiosamente tomar un avión, cambiar de ciudad, trabajar.

No.

Son todos anticuarentena.

Son todos terraplanistas.

Lo que quieren es que todos se mueran. Contestan así porque es mucho más fácil denostar a alguien que cree que el mundo es plano que a alguien que ve marchitarse a sus hijos frente a sus ojos.

Pelean contra sus fantasmas, inventan monstruos a los que les es cómodo y reconfortante enfrentarse.

Por eso cuando alguien reclama contra las usurpaciones, no ven allí alguien que respeta la ley sino a monstruos que sólo quieren que los miserables no tengan dónde vivir. Olvidan el hecho de que las usurpaciones no dan respuesta al déficit habitacional, que los chicos estarán condenados a vivir sobre charcos de agua, que se trata de engordar un negocio de punteros y malandras. Se conforman con ser los buenos.

No ven venezolanos torturados, desaparecidos y hambreados por un régimen de terror. Eso sería demasiado desestabilizador para cabecitas bienpensantes. Ellos pelean contra agentes del imperialismo que quieren quedarse con el petróleo de la patriagrande. Es más fácil. ¿Cómo va a ser malo Maduro si es de la patriagrande?

Tratemos de desmontar el artilugio con un solo ejemplo, nos servirá para entender mejor el clima de época que quieren instaurar.
Tomemos el caso del diputado chupateta.

En la vida real, cuando ocurrió el caso, nadie habló de cuestiones morales, de si está bien o no que dos personas adultas tuvieran un chichoneo sexual de manera consentida. Se hablaba de otra cosa, no de una moral victoriana a la que le molesta una teta. Sin embargo, allá fueron las almas bellas: “¡Qué retrógados!¡Les molesta la sexualidad libre!”. ¡Pará, Marqués de Sade! Lo que jode es la impunidad de un barra brava que llega a diputado no a pesar de eso, sino justamente, por eso.

Los teros, lo sabe cualquiera en el campo, ponen los huevos en un lugar y gritan en otro. Querían que nos ocupáramos del tero, de los llantos del chupateta, de la cara de malo del Coso Massa sacando pecho como si hubiera enfrentado al Bebote Álvarez a trompadas, de las curvas de la señora, señorita, cónyuge o asesora.

Seamos más inteligentes. Ya sabemos dónde está el tero. Vamos por sus huevos. 

¿Quién es Juan Ameris, el chupateta? ¿Por qué llegó ahí? ¿Qué representa? ¿Quién lo banca? ¿Cómo es el sistema que no sólo permite sino provoca que tipos como él lleguen a decidir en el congreso el destino de millones de argentinos?

Hay que empezar por su padrino político.

Agárrense que no es para débiles.

Hablemos de Tartagal, en Salta, esa zona que los dos primeros meses del año ya tenía 18 chicos muertos por hambre, una “deuda de la democracia”.

Tartagal fue coto de caza privado de Sergio “El Oso” Leavy.

¿Quién es Sergio “El Oso” Leavy? ¿Qué tiene que ver con esta historia? Nadie conocía demasiado bien a Sergio Napoléon Levy cuando llegó desde Metán a Tartagal, la localidad del norte de Salta, con 65.000 habitantes. Por gordito y cachetón a Levy le empezaron a decir “Oso”.

En 2004 y de la mano del peronista Juan Manuel Urtubey y el kirchnerismo se convirtió en diputado provincial.

En 2007, con el Frente de Todos, se presentó como Intendente de Tartagal. No le fue fácil, pobre Oso, pagar su campaña: tuvo cheques rechazados por $ 54.100 (en el 2007) y llegó a estar embargado por $8389.

Según una investigación que en su momento hizo Perfil.com quien además habría ayudado con “su” dinero en la campaña de Levy a intendente, habría sido don Lucas Cisneros.

¿Quién era Lucas Cisneros? ¿Qué tiene que ver con esta historia? Cisneros era concejal adviná-de-qué-partido de Tartagal en los años ’90 y a imagen y semejanza de los líderes de su agrupación pasó de humilde albañil a exitoso empresario por obra y gracia del espíritu santo. El Espíritu Santo de Cisneros en realidad sería la persona de quién él era testaferro, Ernesto Aparicio, ex diputado provincial.

¿Quién era Ernesto Aparicio? ¿Qué tiene que ver con esta historia? Ernesto Aparicio era diputado provincial de-adiviná-qué-partido, padrino de Lucas Cisnero, ayudante en la carrera del Oso Leavy, procesado en causas de narcotráfico e involucrado en el asesinato de Liliana junto el Clan Castedo.

¿Quién son los integrantes del Clan Castedo? ¿Qué tienen que ver con esta historia? Delfín y Raúl Castedo son, según explicó el periodista Germán de los Santos en el diario La Nación, líderes de una organización que lleva dos décadas de hegemonía en el tráfico y la provisión de cocaína a otras organizaciones, detenidos en 2016. Liliana Ledesma, en 2006 había denunciado que los Castedo querían sacarle a su familia sus campos para que los camiones de cocaína pasasen sin problema. Lo dijo con nombre y apellido, los Castedo y el Diputado Aparicio son narcotraficantes y dijo también que si algo le pasaba a ella, ellos eran los responsables.

Así fue.

Le hicieron una emboscada y la acuchillaron. Quien llevó a Liliana hasta el lugar donde la emboscaron y la acuchillaron, cortándole especialmente la boca en mensaje mafioso de “hablaste”, fue Gabriela Aparicio, hermana del diputado de-adiviná-qué-partido. El juicio a los asesinos de Liliana Ledesma tenía que comenzar a principios del ’19 pero se suspendió para octubre del ’19, cuando se volvió a suspender, ahora sin fecha. Delfín y Raúl están en la cárcel de Ezeiza, donde los mandó el Servicio Penitenciario en noviembre del año pasado, cuando se descubrió un plan que tenían preparado para fugarse de la cárcel de Salta donde estaban. El diputado Aparicio ya falleció.

Tenemos entonces al diputado provincial salteño peronista, al testaferro concejal peronista, socio del intendente peronista de Tartagal. Además, al bueno de Aparicio lo acusaban de traficar cocaína en rollos de madera. Que Leavy haya tenido un aserradero en Tartagal no quiere decir nada y que tanta gente en la zona lo señale como comprador compulsivo de madera robada es sólo porque la gente es muy mal pensada.

Pero eso es historia pasada.

Cisnero y Leavy se pelearon en 2009, tres años después del asesinato de Liliana Ledesma, por las candidaturas a diputados provinciales en el 2009 en las que el Oso terminó metiendo a su hermano, el Chanchín Leavy. Periodistas de la zona como Marta Juárez o Ricardo Cuellar saben bien de las amenazas del Oso que tiene poco de cariñoso.

En 2009 hubo un alud en Tartagal y la entonces presidenta Cristina Coso de Kirchner llegó a la ciudad y se indignó por la pobreza. “¡Pucha!” se lamentó. Nació una relación con el Oso y prometió mucho dinero para la ciudad. “Donde hay una necesidad hay un derecho” pensó el Oso que después no pudo explicar cómo se esfumaron más de 200.000 pesos que se habían enviado para la reconstrucción de la ciudad.

Tampoco Hugo Torina concejal de ya-sabés-de- qué-partido pudo explicar cómo apareció funcionando en su casa un aire acondicionado destinado a una escuela rural que había donado el programa C.Q.C.

Al Oso lo terminaron sacando a empujones de la municipalidad con juicio político pero apeló y finalmente la Corte Suprema de Salta se movió un poquito la venda y aquí no ha pasado nada.

Así que siguió como intendente, y fue reelecto en 2011, 2013 y 2015 ayudado por votos de cuya independencia está permitido dudar.

Después se lo conoció como candidato a todo porque mientras iba acumulando cargos, iba sumando candidaturas, como el tipo que en el casino le mete fichas a todo por las dudas.

Si hay alguien cuya carrera no permite imaginar un dejo de honestidad, ése es el cachetón Oso Leavy. Quizás por eso consiguió el apoyo explícito del Presidente Coso, Leopoldo Moreau, Gustavo López, Martín Sabbatella y, claro, la ínclita Diana Conti -recordada porque a su asesor parlamentario el periodisa Bruno Bimbi, cuando cobró su primer sueldo, le sacó el sobre con los billetes y le dijo “las monedas podés quedártelas”- .

Diana Conti es presidenta del Partido de la Victoria, vicepresidente es el Oso Leavy y a ese partido integrante de la Alianza Frente para la Victoria pertenecía Juan Chupateta Ameri antes de que todos descubrieron horrorizados las denuncias acalladas por abuso sexual y pedido de favores sexuales que se ventilaron en público recién después del pornozoom.

Antes, nadie había visto nada, te juro, ni idea.

Nadie.

Ni la publicitada feminista Alcira Figueroa, que reemplazará a Ameri, antropóloga y especialista en desarrollo sustentable que hasta que estalló el escándalo no parecía conmovida por las denuncias de quien viene a sustituir.

Ameri no hubiera llegado ahí si no fuera por Leavy, que no hubiera llegado ahí si no fuera por Lucas Cisneros y Ernesto Aparicio, que no hubiera llegado ahí si no fuera por el Clan Castedo.

Leavy no hubiera llegado ahí si no fuera por Juan Manuel Urtubey -de quien después se distanció-, y por la Corte Suprema de Salta, y por el partido de Diana Conti y por todo el progresismo de ya-saben-qué-partido que tranquilamente puede hacerse el distraído de cualquier crimen porque total, son las almas bellas de banquito moral.

Hoy, el Oso Leavy, instantánemente horrorizado por la lamida de teta más no por todo lo que llevó a esa situación, es uno de los tres senadores nacionales que representan a Salta, la provincia donde mueren nenes por inanición.

Hoy el Oso Leavy, muy bien considerado por sus pares porque acarrea votos de la pobreza estructural, levantará su mano para cualquier excentricidad que a su jefa Cristina Fernández de Coso se le ocurra.

Así, mientras cierto progresismo descentrado se enoja por la pacatería de la sociedad argentina, lo que en realidad ocurre es un entramado que va desde el asesinato narco hasta el Senado de la nación pasando por el abuso acallado, la pose feminista, y la guita que desaparece siempre en los mismos bolsillos.

Por eso cuando empiezan con que el hambre y la pobreza es una deuda de la democracia, es mejor ponerle, cara, nombre y apellido.

Ya sabemos dónde están los teros.

Vamos a buscar los huevos.