Son actores, bailarines contemporáneos, folclóricos y músicos los que le dan vida al mayor evento artístico de la provincia. Como casi todos los años, debieron negociar contrarreloj para obtener un salario acorde con sus pretensiones. Hasta hicieron huelga la semana que pasó. Fueron sólo dos días de paro, pero para el Gobierno, representaron una afrenta -así lo dejaron entrever en sus declaraciones el gobernador, Celso Jaque, y el ministro de Gobierno, Mario Adaro- cuando faltaban tan pocos días para que la Vendimia alcanzase su momento cúlmine. Desairados por el Gobierno, que no los convocó para hacerles la oferta final -se enteraron por los medios-, se reunieron en asamblea, votaron y aceptaron el ofrecimiento, y concurrieron a firmar los contratos, aunque en disconformidad. De acuerdo con el número final de contratos firmados, el staff convocará o no a suplentes. De todos modos, los ensayos se retomarán hoy.
Aquí se reproducen cuatro historias de mendocinos que dejan el alma por el arte, el cual se ha transformado no solo en su medio de vida, sino también en su vida misma.
Rubén Tapiz (43) y Celeste Guiñazú (40) son un matrimonio de actores y tienen un hijo, Laureano (8), que ya sigue los pasos de sus padres. Ambos eran los dueños de la sala de teatro Trinidad Guevara, ubicada en Juan B. Justo de Godoy Cruz. Eran pura autogestión, sin apoyo gubernamental. Contaban con una espacio donde se presentaban las obras y donde dictaban talleres de todas las disciplinas artísticas. Cobraban 15 pesos por función y entre 50 y 60 pesos por taller. Agobiados por los gastos que demandaba el centro cultural, unos 5.000 pesos por mes, con un alquiler de 2.000 pesos, no aguantaron más y tuvieron que cerrar. Eso ocurrió el 2 de febrero. Rubén y Celeste habían abierto ese espacio cuando se casaron. “Fue como perder un hijo”, lamenta Celeste. Cuando cobraron la asignación por casamiento y la del nacimiento de su hijo, invirtieron en la sala. Este pago que percibirán por la Vendimia lo utilizarán para saldar deudas que les quedaron. Celeste y Rubén tienen largas trayectorias como actores y, actualmente, viven de los sueldos que obtienen por dar clases de teatro. Entre los dos ganan casi 2.000 pesos. Ellos firmaron el acuerdo por necesidad económica, no por convicción.
“El problema de Mendoza es que no hay una política cultural clara y no existe la difusión de las actividades de los artistas”, dicen. Y aclaran que ellos no pretenden subsidios estatales, dinero ni funciones gratis. “Sólo pedimos que se promocione y se difunda a los elencos mendocinos y a sus obras”, afirman.
Rossana Sarubí (35) tiene una hija de cinco años, es oriunda de Buenos Aires, actriz de la primera Escuela Popular de Teatro que hubo en Capital Federal. Es productora de algunos proyectos en el Instituto Nacional de Teatro. Pero esas iniciativas tienen una duración de tres meses aproximadamente, y le pagan 2.000 pesos por cada una. Participa en otros eventos, esporádicamente, como por ejemplo hacer una estatua, trabajo por el que cobra unos 200 pesos.
Forma parte del elenco Crack Ensamble Teatral, con el que crearon la obra Cinco mujeres de negro, por la que han obtenido varios premios de prestigio pero se da la paradoja de que en Mendoza no tienen dónde representarla. Rossana está pasando por un momento personal delicado, porque hace dos semanas, por un accidente, debieron amputarle una falange y media de su dedo pulgar derecho. Así y todo “salí a luchar, porque la vida del artista no puede valer 2 mangos”, afirma. Votó por el acuerdo, “porque respeto lo decidido por mis compañeros, aunque yo no estaba de acuerdo con la propuesta del Gobierno”.
Con respecto a las declaraciones de Jaque, Rossana opina: “Fue una falta de respeto, es una respuesta de poca altura pero no me extraña, porque él representa a una clase política con intereses creados”. A los jóvenes artistas les propone: “No tengan miedo en la vida, porque todas las luchas se ganan con amor a lo que uno hace”.
Germán Torres (45) es bailarín folclórico desde los 9 años. Desde los 16 participa en la Fiesta de la Vendimia, casi 30 años. Tiene tres hijos y mucho trabajo para mantener a su familia. Es empleado de la Municipalidad de Capital, donde da clases de zapateo y es el titular del ballet folclórico. Cobra un salario de 1.500 pesos. Además, trabaja para la Municipalidad de Guaymallén como inspector de comercios, con lo que obtiene 1.800 pesos más. Eventualmente, lo contratan para algún espectáculo, por lo que cobra entre 500 y 700 pesos.
“Vendimia es como un premio de fin de año , pero el trabajo del artista es sacrificado todo el año”, afirma. Él es uno de los delegados que participaron de la lucha por un mejor pago por Vendimia. En una de las discusiones, le hizo notar al ministro Adaro que un par de botas, el año pasado, le costaron 460 pesos; este año las tuvo que pagar 600 pesos. También le comentó al funcionario que una bailarina que quiera comprarse zapatillas de baile debe desembolsar 460 pesos por un par.
Germán no está de acuerdo con la propuesta del Gobierno pero debió aceptar el voto de sus compañeros. Cuando recuerda lo que dijo Jaque, en el sentido de que él mismo bailaría, no duda y afirma: “Me gustaría que se subiera al escenario. Sería muy bueno ver al gobernador participando en la fiesta más importante del país y le aclaro al ministro Adaro, que se equivoca, la Fiesta de la Vendimia no es una obra de teatro”, concluye.
Julieta Gentile (35) es actriz principal de la Fiesta de la Vendimia, su rol será el de Machi (bruja huarpe). Esta mujer vive en pareja, empezó a hacer teatro en 1988 y se recibió de licenciada en Arte Dramático en la UNCuyo. Es profesora en tres colegios mendocinos. Entre sus tres empleos, alcanza a cobrar unos 2.000 pesos. Pertenece al elenco de Crack Ensamble Teatral. El año pasado fue delegada de los actores “y este año no quería pero me eligieron igual”, aclara.
En medio del conflicto, Julieta está peleando literalmente por su vida, tiene cáncer de mama el cual se le agrava ante situaciones de nervios y/o stress. Por eso mismo, sin doblegarse, afirma: “Para mí, esta pelea fue como jugarme la vida”. Además, Julieta está disfónica, porque como el Gobierno ordenó retirar los equipos de sonido en los días de paro, sólo a viva voz podía hacerse escuchar por sus compañeros.
Con el resto de voz que le queda, la actriz plantea: “Algunas personas me dicen: si sos artista, ¿por qué no te vas a Buenos Aires? Y yo siempre les contesto lo mismo: ¿por qué? si yo quiero trabajar en mi provincia. Lo que pasa es que en Mendoza no hay gestión cultural, no reclamamos sólo los 4.000 pesos, sino que haya un reconocimiento como artistas locales más allá de la Vendimia”. Y respecto del convenio colectivo dice que lo analizarán concienzudamente y luego si están de acuerdo, lo firmarán.
