Luego de un largo trabajo, Rafael Golondrina Ruiz volvió al Frank Romero Day con su segunda Fiesta Nacional de la Vendimia, la anterior la había realizado hace 15 años. El resultado de lo plasmado dejó sensaciones encontradas. Por un lado, la fiesta estuvo correcta, con un principio, desarrollo y fin y, por el otro, no tuvo emoción, faltó ese cuadro que hiciera vibrar al espectador.

Más allá de los aciertos y desaciertos, sí hay que destacar el trabajo realizado por los artistas locales que en escena brindaron un espectáculo de gran nivel. Mención aparte merecen los músicos que, con Juan Pablo Montisanti a la cabeza, realizaron una interpretación superlativa.

Los aciertos de “Sinfonía azul para el vino nuevo”

  • La música: fue, una vez más, el motor de la fiesta. No es novedoso decir que la Fiesta de la Vendimia hace años sobresale por el trabajo que realizan los músicos. Con Juan Pablo Moltisanti como director, la música fue la gran protagonista. Llevó al espectador por diferentes estilos musicales, pasando por lo sinfónico, lo épico y hasta lo cinematográfico.

La de Griselda López Zalba, Lorena Miranda y María Belén Loüet fueron las voces que más emocionaron a los espectadores, al menos, las más ovacionadas.

  • Golondrina es considerado un artista tradicional, sin embargo, en esta oportunidad se animó a romper con las estructuras y, por primera vez en la historia vendimial, apareció entre los ritmos de la Fiesta el reggetón. Fue Phamali quien irrumpió en el escenario con un homenaje a la Cordillera titulado “Rendido a tus pies”. El tema fue interpretado en vivo y aportó calor y alegría. De este modo, además de malambo, cuecas, zambas y chacareras, se sumó a la Vendimia el ritmo del momento y funcionó.

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— Diario El Sol Mza (@elsolonline) March 8, 2020

  • Otro de los aciertos interesantes por parte de Golondrina Ruiz fue la elección del personaje central, el director de orquesta estuvo interpretado por uno de los actores más destacados de la provincia, Aníbal Villa, uno de esos hacedores que siempre sobresale no sólo por su interpretación sino porque, en la mayoría de las veces, le hace creer la historia al espectador, un logro que no todos consiguen. Espontáneo, simpático, emotivo, reflexivo, así se lo vio a Villa en escena y merece ser destacado.

  • La danza también cobró un protagonismo central en varios de los cuadros. Tal vez, el más logrado, el ovacionado por los presentes, fue el que se reflejó en el cuadro que destacaba a San Martín y Latinoamérica. Allí los bailarines interpretaron suites latinoamericanas, como símbolo de la emancipación de América Latina. Otro momento destacado fue el que honra al vino. Mediante una pequeña suite musical se refleja el origen de cada varietal, todo culmina con la irrupción de la Murga El Remolino que reclama la incorporación del vino común entre los varietales.

  • La iluminación y puesta en escena merecen ser destacados porque estuvieron a la altura de la obra interpretada. Las cajas lumínicas aportaron lo esencial con cambios de color y figuras a cada una de las escenas.

Los desaciertos de “Sinfonía azul para el vino nuevo”

Dice el dicho popular que “no todo lo que brilla es oro”. Y Sinfonía azul para el vino nuevo presentó no sólo buenos momentos sino que también hubo algunos desaciertos.

  •  El inicio de Sinfonía azul para el vino nuevo se tornó un tanto tedioso por la extensión del cuadro. Por momentos uno creía estar viendo una obra de teatro más que la Fiesta Nacional de la Vendimia, con el correr del guión la situación fue mejorando y la fusión entre la danza y el teatro lograron que se torne más llevadera la puesta.
  • Uno de los mayores desaciertos de la fiesta pensada por Golondrina Ruiz es que si bien estuvo correcta no emocionó. Faltó el “golpe bajo”, ese que te hace sacudir las entrañas. Uno lo esperaba en cuadros tradicionales como el de la Virgen de la Carrodilla o el del propio General San Martín, sin embargo no estuvo, fueron momentos que pasaron sin pena ni gloria, no tuvieron la fuerza necesaria para llegar a la gente, algo que sorprendió sobre todo porque son esos momentos del guión en los que a cualquiera se le pianta un lagrimón.

  • Tampoco logró su cometido la presencia de acróbatas en la Fiesta. No fueron identificados por el público, se perdían entre la imponente escenografía y las pantallas de led. Fueron pocas veces las que el público prestó atención a su labor, algo que debe ser replanteado ya que esos artistas hicieron el mismo esfuerzo que el resto para brillar en la Fiesta y lograr ser reconocidos.

  • La ubicación de los músicos sigue siendo un gran problema en la puesta. Se dijo que este año iban a ser localizados de un modo distinto, con mayor preponderancia respecto a ediciones anteriores, pero nuevamente quedaron lejos de la escena real. Su presencia se siente, está presente, pero es difícil reconocer o distinguir quien es la dueña o el dueño de esa imponente voz. Un detalle que deberían replantearse en las próximas ediciones.