La democracia es mucho más que un sistema de gobierno basado en la elección popular que pone en disputa el juego de mayorías y de minorías.
Tiene, más allá de su significado literal, connotaciones positivas vinculadas con el respeto por las libertades individuales y colectivas y con la búsqueda del bienestar general, tal como reza la Constitución nacional.
Es institucionalidad, justicia, respeto, republicanismo, legalidad y legitimidad. Es ética. Son derechos y, sobre todo, son deberes.
Es un compendio de valores que no puede estar disociado de la vida diaria, un contrato social que debe ser promovido por quienes forman parte de la clase dirigente, porque se entiende que esas personas son las elegidas bajo la figura de representatividad. Y son quienes deben mantener alta esa bandera.
Sin todo eso, la democracia es un sistema tramposo, que sirve para maquillar y facilitar el camino a quienes ambicionan la suma del poder público.
