En estos últimos meses, con la crisis sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19, ha demostrado que el cerebro es capaz de adaptarse a todas las situaciones. Incluso a una situación de confinamiento como el que ha tenido que vivir casi todo el mundo, y con el que por ahora, se continuará. Sí, el cerebro y uno mismo, por ende, se puede adaptar. Ahora bien. Con matices. El estrés postraumático y la gestión del duelo no resuelto serán algunas de las ‘facturas’ que podría pasar el cerebro cuando todo esto pase y se regrese a esa ‘nueva’ normalidad.

Somos seres resilientes

“Nuestro cerebro es resiliente, término que procede de la capacidad de algunos metales de estirarse y volver a su posición inicial. Nos hemos adaptado muy bien a esta situación. Sobre todo, los más pequeños”, indica el psiquiatra José Ángel Alda, coordinador de la Consulta Dr. Alda, en Sant Cugat del Vallés, y vicepresidente de la Asociación española de psiquiatría del niño y el adolescente (AEPYNA). 

Ahora bien. En estos meses, las personas se han podido adaptar para cumplir con las medidas de contención del coronavirus y para proteger la los más vulnerables frente a la Covid-19, sobre todo, en los más mayores. Sin embargo, esto no quiere decir que el  cerebro no ‘proteste’. De hecho, ya muchos están familiarizados con las diferentes fases que se ha atravesado durante el confinamiento (incredulidad, preparación, ajuste, aclimatación, resistencia, alivio, …). Incluso hay personas que han podido experimentar momentos de mucho estrés.

“Las alteraciones del sueño, las crisis de ansiedad, la agorafobia o la claustrofobia, por ejemplo, son algunos de los trastornos que hemos vistos estos días”, indica el doctor Alda, quien, además, señala que algunos pacientes han podido sufrir un empeoramiento en sus patologías o trastornos de base. “Es el caso, por ejemplo, de los los trastornos de la conducta alimentaria, o los trastornos del espectro autista”. 

Pero, ¿qué pasará cuando esto termine?

El especialista, apunta, no obstante que probablemente, cuando todo esto acabe y se vuelva, poco a poco a esta ‘nueva’ normalidad se verán más casos en las consultas de psiquiatría o psicología. De hecho, es probable que la situación vivida pase ‘factura’. 

Una situación que preocupa a los especialistas, por ejemplo, es la gestión del duelo no resuelto. “Las personas que han perdido a un ser querido no podían conocer el estado de salud de sus allegados, no pudieron acompañarles en sus últimas horas, sabiendo que ese familiar o amigo estaba solo en el hospital, y tampoco han podido despedirles con un funeral o un entierro. Esto es algo muy dramático que costará superar”. 

Otro problema que surgirá cuando se retorne a la normalidad, porque ahora aún se está preocupado por no infectarse o no poder relacionarse, es el estrés postraumático. “Ocurrió, por ejemplo, en la crisis económica del 2008. Las personas empezaron a acusar emocional y psicológicamente lo que habían vivido tras salir de la crisis y, probablemente, observemos muchos casos de estrés postraumático, algo que también se vio tras la caída de las Torres Gemelas o el 11M”, señala el especialista español.

También podrán aparecer casos de agorafobia o no querer salir a la calle por miedo al contagio, algo que se está viendo ya en algunos niños.

Cómo seguir gestionando bien esta situación 

Pero todo esto pasará, antes o después. Mientras tanto, toca seguir quedándose en casa. Y es importante que se haga del mejor modo posible para mantener la integridad física y mental.

La mejor manera es marcando una rutina. “Por ejemplo, levantarnos a la hora que solíamos hacerlo, mantener un horario de comidas, hacer el ejercicio que podamos realizar en casa, si podemos salir a la calle para mantenernos activos, incorporarlo en la rutina, acostarse a la misma hora, etc. También es importante que los festivos los consideremos como tales”, concluye el el doctor José Ángel Alda, que colabora además en NeuraxConecta, impulsado por Neuraxpharm, el primer servicio en España de soporte emocional para los profesionales del sector farmacéutico.

Fuente: Revista Hola (España)