En la carrera contra el coronavirus, Rusia fue el primer país que autorizó una vacuna producida en ese país el 11 de agosto. Pero el anuncio de Vladimir Putin generó dudas, más allá de que la Sputnik V fue celebrada por Moscú como una prueba del desarrollo científico ruso.

En ese momento, El ministro de Salud ruso, Mikhail Murashko, dijo que la vacuna había “demostrado ser altamente efectiva y segura”, calificándola como un gran paso adelante hacia una “victoria de la humanidad” sobre el covid-19.

Sin embargo, tras el anuncio recibió cuestionamientos por parte de la comunidad científica, incluso de la OMS. 

Es que el organismo multilateral le achacaba que, de todos los desarrollos de vacunas que se estaban produciendo en laboratorios de distintos países y que se encontraban en fase III, el medicamento ruso no se encontraba precisamente en entre estos. 

La fase III es la etapa en la que cada vacuna demuestra su eficacia, de acuerdo con los estándares internacionales. En esa instancia se aplica a miles de personas y tiene que demostrar que no es peligrosa para la salud, además de constatar cuáles son los efectos adversos. Pero al momento del anuncio de Putin, la Sputnik no se encontraba en fase III por lo que la OMS señaló: “Acelerar los progresos no debe significar poner en compromiso la seguridad”.  

Rusia produce ahora dos vacunas y Putin ha defendido el desarrollo científico al asegurar que tanto la Sputnik V como EpiVacCorona son “seguras y eficaces”. 

La vacuna está basada en vectores de adenovirus y en eso se asemeja a la de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, que se produce en Argentina. Pero se distingue en que usa dos adenovirus distintos: uno para la primera dosis y otro para la segunda. Así, se estima esto aumentaría la respuesta inmunológica ante el COVID 19. 

Por otra parte, no contiene el virus SARS-CoV-2, “lo que hace imposible contraer Covid-19 como resultado de la vacunación”. 

Los ensayos clínicos de fase 1 y 2 ya se completaron y que, “como se publicó en The Lancet, provocó una respuesta inmune humoral y celular estable en el 100% de los participantes en los ensayos clínicos de fase I y II. Actualmente está cumpliendo con la fase III, con 40 mil voluntarios. 

Pero para la comunidad científica todavía no encuentra confianza. “El estudio no pudo demostrar que la vacuna es eficaz para prevenir el Covid-19 debido a que tiene muy bajo número de pacientes, sólo 72. Es un estudio chico”, explicó el infectólogo Eduardo López. 

El asesor presidencial en temas de COVID, sostuvo además que el estudio tiene un corto período de seguimiento, de apenas 42 días, no se implementó un placebo a un grupo -otra de las medidas aceptadas para verificar la eficacia-, sino que es un estudio abierto. Tampoco incorporó a mujeres y a pacientes en riesgo -como personas con cáncer- en sus ensayos.