Yo estaba en una esquina de la plaza mi pueblo, conversando con tres amigos, uno de los cuales tenía una bicicleta.Cuando vi que por la otra esquina de la plaza cruzaba la niña que a mí me gustaba. Era la oportunidad de abordarla. Así que, sin pedir permiso, manoteé la bicicleta, me subí y emprendí velozmente la misión de atrapar a la niña. Algo escuché que me decían mis amigos. Cuando venía suficientemente embalado, llegando a la otra esquina de la plaza, doblé para alcanzar a la muchacha, y la bicicleta no dobló. Lo que me gritaron mis amigos era que el manubrio no funcionaba, estaba suelto.
Dicen que los proyectiles describen en su trayectoria una parábola, la mía fue con los pies y los brazos moviéndose ostentosamente en el aire, la bicicleta abajo mío totalmente desinteresada de mí y mis ojos desorbitados, tratando de adivinar adónde iría a cumplir con la ley de Newton. Caí en el medio de la calle como un teléfono de un quinto piso, mis amigos, a una cuadra, se reían, pero lo peor era que la que se mataba de la risa era la personita por la cual había iniciado semejante aventura. Creo que en ese momento abandoné mis deseos de participar de la Vuelta Ciclística de Mendoza.
Pero admiro mucho a quienes lo hacen. Ustedes saben que la bicicleta es un adminículo más viejo que el suspiro, que los antiguos egipcios tenían un aparato parecido y los chinos antiguos también, aún los mayas parece que tuvieron un aparato propulsado con dos ruedas. La bicicleta entonces vendría siendo el vehículo a tracción humana más viejo de la humanidad. Y se ha mantenido en el tiempo sin grandes variaciones. Pues este adminículo es lo que están usando los competidores de la Vuelta Ciclística de Mendoza, la más argentina de todas las vueltas, como dice su eslogan.
Tenemos que apoyarlos a los participantes con nuestra presencia, porque la verdad es que la pedalean los vagos. Hay que cubrir las distintas etapas que componen la prueba y sobre todo aquellas que suben por nuestra precordillera y cordillera. La verdad es que yo no llegaría hasta la esquina y más con aquel antecedente, pero es bueno saber que alguien usa los pedales para hacer cosas buenas en una tierra en la que todos te quieren bicicletear. A pesar de que se llame La Vuelta de Mendoza, lo embromado no es la vuelta, lo embromado es la ida.
