Si me lo contaban, no lo creía.No, hermano, ni en pedo lo creía. Estamos hablando del Facundo, entendés. Facundo Vilchez, el eterno último nombre de la lista. El peor jugador de fútbol que vi en toda mi vida, el tipo más inútil del curso. ¡El Ojota Vilchez! ¡El que no sirve para ningún deporte! ¿Te das cuenta de lo que te digo? Fue el Ojota, hermano. Sí, sí, creélo.

    El mismo flaco que se sienta adelante nuestro y que sufre todos los días porque no le paramos de romper las bolas un solo segundo. El que nunca, pero nunca, pudo parar una pelota, el Ojota. El mismísimo gil que jamás hizo un gol en su vida. En serio, hermano, si no lo hubiese visto, te juro por mi vieja que no lo creo. Porque si vos me decís que fue el Mayonesa Gelman, está bien, te lo podría llegar a creer.

    El Mayo alguna vez encontró cierta armonía para correr y llevar la pelota a la vez. Además, es un buen tipo, calladito, no jode a nadie y no se queja si lo dejamos afuera del equipo. Es un tipo que suma porque, encima, es gracioso. Te puedo aceptar –mirá lo que te voy a decir– que hubiese sido el Gordito Delgado.Viste cómo es el Gordito: una persona de bien, siempre presta la tarea, te pasa los machetes en las pruebas y no es botón.

    Además, seamos sinceros, debe ser jodido ser de apellido Delgado y pesar tanto a los quince años. Bueno, entendés, hay tipos que cada tanto tienen sus quince minutos de fama. Y muy merecidos los tienen. Pero que el protagonista haya sido el descoordinado de Vilchez es algo increíble, impensado… Hasta te diría que es medio misterioso. No sé, para mí que el Ojota debe haber hecho un gualicho o algo parecido.

    Todo esto me jode porque el Ojota es un flaco agrandado. Siempre nos refriega por la cara cada vez que se va a Buenos Aires a ver a Boca, con su viejo. Tiene en la carpeta esas fotos con Riquelme, con Palermo, con el Mellizo. Y eso jode, porque se agranda. Y hay que ser sinceros: podés tener una foto con Maradona si querés, pero no te tenés que hacer el copado, el canchero, el pibe capo con plata que viaja adonde juega Boca porque su papá lo lleva. Y eso me jode, me jode mucho.

    Además, también hay una cuestión moral. Si jugás tan mal, no podés estar opinando de fútbol todo el tiempo como hace este imbécil. Es una cuestión de sentido común, de sinceridad con uno mismo. Mi viejo siempre dice que si no sabés jugar, mejor no opinés. Imaginate a un salame que no sepa actuar y que encima tenga la caradurez de decir que Darín es mal actor.No, señor. Eso jode. ¿Entendés?

    Es como cuando los periodistas deportivos… Está bien, perdoná, me fui del tema, como te contaba… El partido fue una cosa de locos. Como vos te habías lesionado, metimos de entrada al Mayonesa. Con los chicos dijimos: “Jugamos con uno menos si es necesario, pero al Ojota no lo metemos”. Justo cayó el Mayo y jugamos con cinco y el Ojota al banco. El partido ya venía caliente por el tema de la Euge.

    Al tonto del ellos, el Seba, le había caído como el culo que yo la invitará a mi cumpleaños. Yo lo hice con toda la mala leche, para joderlo, y porque la Euge me gusta y tengo que seguir con el chamuyo. En la primera jugada nomás, el Seba me salió a cruzar con todo y le pisé un caño.Me le recagué de risa y decí que nos separó el Gordito, si no, se armaba. Pero, claro, no me di cuenta de que el Seba es un bruto, que juega al rugby.

    Y en una jugada me levantó por el aire y me dejó la rodilla a la miseria. Mirá lo hinchada que la tengo, casi no puedo caminar. ¡Imaginate lo que era el equipo! Vos, quebrado. Yo, lesionado.Al arco, el Gordito. Y después nos quedaba el Gorrión, el Viejo y el Chiri, que no podía correr porque se había tomado una Coca de litro antes del partido. No nos quedó otra, lamentablemente, que meter al Ojota. Te juro: no alcanzó a entrar y se tropezó con sus propias piernas.

    Todos se nos cagaban de risa. Encima de agrandado, es muy caradura. ¿Sabés qué hizo? Sacó a relucir esa camiseta de Boca que tiene autografiada por todo el plantel y besó el escudo.Me dio vergüenza y bronca a la vez. Es al pedo, cómo un tipo así te va a caer bien. ¡Es imposible! De ninguna manera te va a caer bien. Por algo siempre tratamos de esquivarlo, de no invitarlo a los partidos o de joderlo en el curso.

    ¡Porque es un pelotudo, hermano! Llega a hacer eso en mi barrio y, además de cagarlo bien a trompadas, le afanan esa camiseta en menos de un segundo. ¡Será posible que…! Bueno, bueno, está bien, perdoná. Te sigo contando, es que me acuerdo y más bronca me da. Resulta que el equipo estaba mal. El Chiri, liquidado, el Ojota restaba, y los otros tres hacían lo que podían, pobres. Yo, afuera, me moría de los nervios. Encima, no sabés cómo estaba el colegio.

    Fue a vernos todo el mundo. Estaban los de quinto, las ricas de cuarto, las chicas del curso, las pendejas de segundo. Bien como nos gusta a nosotros jugar contra estos boludos. ¡Imaginate lo malo que son que no nos podían hacer un gol! No sé cómo llegaron a la final. El Gordito se pasó en el arco.

    El Gorrión también jugó un montón, igual que el Viejo. El partido estaba muy cerrado, cero a cero, peleadísimo. Hasta que el Ojota quiso sacar un lateral y al boludo se le resbaló la pelota de las manos y se la dejó servida al Seba. Bombazo y a cobrar. En ese momento te juro que casi le pido el cambio y entro a jugar en una pierna. Después, en un córner, tuvimos mucha suerte. El Viejo cabeceó, le rebotó a uno de ellos y lo descolocó al arquero. Empatamos de pedo. Faltaban dos minutos nomás.

    Y fue ahí cuando pasó el milagro. Te juro que todavía no lo puedo creer. Sacaron ellos de la mitad y el Seba se vino por la derecha. El Ojota se barrió como si fuera Mascherano. Le sacó la pelota, amagó a jugar para adentro y enganchó para afuera y se fue por el costado. No era el Ojota. Era un cuerpo poseído por un espíritu que sabía jugar al fútbol, te lo juro.

    Todos nos quedamos mudos, congelados. No terminábamos de creer que Facundo Vilchez se había barrido y había encarado al arco sin que la pelota se le fuese afuera. Le salió el arquero, los ojos desorbitados, el alma desesperada, y el Ojota lo gambeteó como a un conito naranja. ¡Éramos campeones del colegio! En ese momento entré rengueando a la cancha para abrazarlo. ¡No lo podía creer! Estábamos presenciando un verdadero milagro, hermano.

    Y ahí, cuando el Ojota quedó solo frente al arco y todos estábamos aceptando la sagrada existencia de Dios, el hijodemilputas agarró la pelota con las manos. ¡Sí, con las manos, te juro, con las manos, como si fuese un arquero! El colegio entero se paralizó. Imaginá esa escena.

    Ellos, casi derrotados, nosotros, que íbamos en busca del Ojota para llevarlo en andas nos quedamos con cara de póquer, todos incrédulos, hasta los preceptores. ¿Podés creer que a este tipo de mierda se le ocurrió agarrar la pelota con la mano en la línea del arco? ¿Y sabés lo que nos dijo? Nos dijo: “¡Para ustedes, mangas de soretes, algún día me iba a vengar, trolos!”. Sí, sí, nos gritó eso con la pelota en las manos, en la línea del arco de ellos, cara de loco, risa diabólica.

    El Chiri le metió una trompada asesina y suspendieron el partido. Cuando reaccionó, a los cinco minutos, el Ojota no dijo nada. Se quedó mudo, como tomando real dimensión de la cagada que nos había hecho.Yo no estaba tan enojado, te lo juro por mi vieja. Estaba tratando de entender cómo carajo había hecho para barrerse y gambetear al arquero.

    ¡Eso era lo increíble! Lo demás, la cagada que hizo, era bastante lógica, viniendo de un tipo resentido como es él. Todos lo puteaban y yo lo defendía, en serio. Hasta que se acercó la Euge y lo felicitó por el acto de valentía que había tenido. Ahí cagué, la sangre me subió a la cabeza, hermano.

    La Euge le dijo que estaba bien rebelarse contra los amigos que lo trataban tan mal, que era un ejemplo de dignidad.Y bueno, fue ahí cuando me puse loco y dejé de ser alumno del colegio, porque me clavaron treinta amonestaciones. A la Euge la mandé a cagar y al Ojota, hermano… Mejor ni te cuento lo que le hice al Ojota.