Un mendocino que vive en Nueva York desde hace 23 años contó cómo fue la experiencia de tener coronavirus. Durante 7 semanas estuvo encerrado en una habitación en su vivienda y la única persona que lo asistió fue su esposa. “Lo pasé, pero el tema es cómo lo pasás. Es horrible”, contó.
Fabián Ortega tiene 49 años y vive en Newburgh, Nueva York, ciudad ubicada a unos 100 kilómetros de Manhattan. Si bien nació en Estados Unidos, a los tres años vino a vivir a la Argentina, donde pasó más de dos décadas.
“Me crié prácticamente en Mendoza. Aunque mis papeles dicen que soy ciudadano americano, soy argentino. Tengo mis costumbres, creencias y tradiciones. Mi familia y amistades están allá”, afirmó a El Sol.
Ortega posee, junto a un socio, un negocio dedicado a la venta e instalación de pisos de madera. “Tuve la mala suerte de contagiarme con el virus”, indicó este mendocino por adopción. “Lo pasé, el tema es cómo lo pasás: es horrible. No a todos les agarra igual”, agregó.
Relató que durante los primeros días tuvo “fiebre muy alta y un dolor de cabeza imbancable. Como al sexto día me di cuenta del tiempo que llevaba en mi habitación”. Al tener un baño privado en la habitación no necesitaba salir del lugar y recibía atención médica por videollamada. Era su esposa, Gabriela, la única que entraba para asistirlo.
“Estaba muy cansado. En esos primeros días perdí como 8 kilos. Estaba tan débil que no podía mover la mano ni hablar. Cuando mi señora me preguntaba algo, trataba de contestarle con la cabeza”, sostuvo. En ese sentido, aseguró que su esposa le dijo que fue “muy feo” verlo en ese estado y que eso la asustó “mucho”.
Además relató que, al principio decían que se tenía que tratar la enfermedad como si fuese una gripe, por lo que les aconsejaban tomar mucho líquido. “No comía pero tomaba mucho té. No me daban medicación para la fiebre, así que la controlaba ingiriendo mucha agua”, indicó Ortega.
“No tenía ganas de comer pero me esforzaba porque mi señora me empujaba y, a la vez, sabía que mi cuerpo estaba, en cierta forma, luchando. El cuerpo necesita recuperarse de todo el gasto en sí que está haciendo para combatir el virus. Entonces necesitaba comer, aunque sin ganas. Por ejemplo, si me llevaban 10 ravioles, a lo mejor me comía uno y esforzándome”, añadió el mendocino.
Al respecto, reiteró que los primeros días de la enfermedad fueron los peores. “La pasé muy mal, fue terrible. Nunca había pasado algo así y eso que he atravesado muchas cosas con dolor. Pasé por 11 cirugías, 8 huesos quebrados. Me gusta andar en moto y en cuatriciclo y he tenido muchos accidentes, sigo andando. Pero dolores como ese, ninguno”, sentenció.
Siete semanas aislado
En total, Ortega pasó siete semanas aislado y le realizaron tres testeos durante ese laps: todos positivos.
“La primera vez fueron tres semanas, me hicieron otro test y volvió a dar positivo, por lo que me dieron dos semanas más. Ahí me volvieron a analizar -nuevamente positivo-, en un consultorio interno para este tipo de casos y tenía neumonía a causa del virus. Me medicaron para la neumonía y me dieron otras dos semanas”, relató.
Después de las primeras semanas, las molestias comenzaron a cesar. “No me sentía del todo bien, pero tampoco estaba mal”, explicó. Y dijo que, más allá del virus, el problema es que “te trabaja la cabeza”.
“Sentís que podés hacer cosas y no podés salir. Tenés los niños que te hablan por video y te preguntan ‘papi, cuándo vas a salir’. Esas son situaciones, momentos que te hacen ver o pensar cosas, que no estás seguro de lo que estás viviendo”, enfatizó.
Su mamá también se contagió
Fabián no fue el único miembro de su familia con COVID-19 ya que su mamá también lo tuvo. “Por suerte salió la semana pasada y está muy bien ahora”, contó.
La mujer vive sola en un departamento y, tras contraer el virus, se mudó a la vivienda de los Ortega, donde su esposa la aisló en una habitación para poder cuidar de ella. En su caso, “estuvo tres semanas y ya salió negativa. Fueron muy leves los síntomas que tuvo”, detalló.
Al momento de relatar su experiencia, sostuvo que “es muy difícil saber qué decirle a la gente, porque creo que la mayoría no tomamos conciencia necesaria hasta que lo vivimos o nos pasan estas cosas. Ahí nos damos cuenta de lo grave que es”.
El aislamiento en Nueva York
Además, contó que la cuarentena en Nueva York “no fue de encierro como están haciendo en Argentina” y que, si bien, cerraron locales donde concurrían muchas personas, se mantuvieron abiertos supermercados y lugares de venta de materiales para la construcción. “Esos siempre estaban llenos”, acotó.
“Te decían, si no es necesario no salgas. Quedate para no contagiarte y, si estás contagiado, prevení pasarlo. Tomá los medios necesarios para cuidarte, pero nada estricto como allá”, acotó Fabián. “Muchos se cuidaron, otros no”, explicó.
Finalmente, dijo que aunque tiene los anticuerpos no está comprobado que no pueda volver a enfermarse, por lo que hace “prácticamente” su vida normal, pero tomando los recaudos necesarios de distanciamiento e higiene.
“Ya no usamos perfumes, ahora olemos a alcohol o a alguna clase de desinfectante”, bromeó.
