De pronto el muchacho nacido en Bahía Blanca llevaba la pelota en un contragolpe y un rival lo seguía. Lo iba calculando para meterle una tapa. Juan Espil se dio cuenta que el póster había cobrado vida. Que el afiche que tenía en su habitación y la imagen que llevaban las zapatillas en su suela estaba a su lado. Estaba vivo y lo tenía de rival.
No tenía a nadie para hacerle un pase, iba solo. Y tomó impulso, corrió más ligero, mientras Michael Jordan lo marcaba y quería frenar el balón antes que llegara a la canasta. Pero Juan Espil, el joven de 24 años, del Sur de Buenos Aires, hizo una bandeja distinta, con la pelota dando una circunferencia grande para impedir que la mano derecha del hombre volador la tocase.
“Doble, doble”, gritaba el relator argentino. “Hermosa conversión que quedó en la historia como la bandeja de Espil a Jordan. ¡Jugada inolvidable!

Ahí estaba el cordobés Marcelo Milanesio corriendo como en Hernando, su pueblo, y haciendo pases de faja nada menos que frente a Magic Johnson. ¿Cómo podía ser? Se hacía la pregunta en pleno partido. Jugaba frente al hombre de Los Angeles Lakers del que había recortado imágenes para poner como forro de carpetas del colegio secundario.
El Flaco Montenegro bajando rebotes y ganándole a David Robinson, una de las Torres Gemelas de San Antonio Spurs. Hernán hasta se dio el lujo de volcar algunos balones.
Luis Villar metía puntos frente a Pat Ewing, el gigante de New York Knicks, el Pichi Campana se movía como si estuviese en cualquier estadio de la Liga Nacional metiendo triples frente a marca de Charles Barkley. Al Gallo Esteban Pérez no le temblaba el pulso cuando tenía enfrente a Scottie Pippen, el compañero de Jordan, que hizo historia con los Chicago Bulls.
El 1 de julio de 1992 marcaba un nuevo capítulo en la historia del básquetbol argentino. Porque el seleccionado de EE.UU. le ganaba a la Selección Argentinal por 128 a 87 en el estadio Memorial Coliseum de Portland, en Estados Unidos, por el torneo de las Américas (preolímpico). Era la primera vez que las figuras de la NBA jugaban contra un equipo de Argentina.
Después el básquetbol argentino tuvo una Generación Dorada y pudo ganarle a otros seleccionados de EE.UU. compuesto por jugadores de NBA, aunque nunca más, Estados Unidos pudo formar el mejor equipo posible con todas sus figuras y además tan históricos como los de 1992.
Y creció el juego argentino hasta incorporar jugadores a la Liga más importante del mundo y hasta brillar y ganar títulos y convertirse en ídolos de la NBA.
Todos los que fueron convocados para ese torneo de las américas en el ’92 eran las máximas estrellas de algunos de los equipos de la NBA. Entre ellos llevaron a un jugador universitario (Christian Laeltner), y fue porque en ese lugar iba Isiah Thomas (uno de los chicos malos de uno de Detroit Pistons, dos veces campeón de la NBA) pero varios de los integrantes, como Jordan, prefirieron no tenerlo de compañero de equipo. En la serie “El último baile” en Netflix se hace alusión a ese hecho. Estados Unidos había presentado en cada Juego Olímpico a un seleccionado de jugadores universitarios y lo mismo había sucedido en los mundiales de básquetbol. Desde los Juegos de Berlín 1936 a México 1968, ganó las 7 ediciones; en Munich 1972 perdió en un final polémico con la URSS; ganó el oro en Montreal 1976; en Moscú 1980 no se presentó por boicot; volvió a ganar en Los Ángeles 1984, pero en Seúl 1988 sólo pudo obtener la medalla de bronce. Esa fue una alerta.
EE.UU. se sintió tocado y notó que con los universitarios ya no marcaba diferencias. Y se pidió autorización para que permitieran jugar a los profesionales de la NBA en el torneo preolímpico de Portland y en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Se formó al equipo soñado (Dream Team) con Magic jugando junto con Jordan, Larry Bird y otras figuras que hasta ese tiempo había sido imposible reunir. Por supuesto que EE.UU. ganó invicto el clasificatorio para ir a Barcelona y también se quedó con el oro olímpico.
En el triunfo por 128 a 87 frente a Argentina el equipo de EE.UU. estuvo integrado por: Earvin Magic Johnson 9 puntos; Michael Jordan 24, Chris Mullin 18, David Robinson 14, Karl Malone 6 (FI), Patrick Ewing 15, Charles Barkley 23, Christian Laethner 9, Scottie Pippen 10 y no ingresaron Clyde Drexler, Larry Bird y John Stockton, dirigidos por Chuck Daly.

Los 87 puntos del equipo argentino fueron así: Marcelo Milanesio 6, Esteban Pérez 8, Orlando Tourn 2, Hernán Montenegro 12, Juan Espil 9 (FI), Héctor Campana, 19, Sebastián Uranga 5, Diego Osella 3, Esteban De la Fuente 3, Miguel Cortijo 2, Luis Villar 18 y Rubén Scolari 0, dirigidos por Walter Garrone.
El Chingolo García, el de la calle San Juan
En la calle San Juan al 121 de la ciudad de Mendoza vivían Don Andrés García y Emilia García y el 26 de abril de 1944 tuvieron al primogénito Alberto Andrés y tres años después nació José Luis. Pero los niños tuvieron una infancia sufrida, porque a los 4 años de Alberto murió la madre y poco tiempo después, con Albertito de tan solo 8 años y José Luis de 5, falleció Don Andrés. Debió criarlos su abuela y luego vivieron con su tío Miguel.
Huérfano desde los 8 años Alberto se inclinó mucho por los deportes y fue al club Godoy Cruz Antonio Tomba a jugar al fútbol pero al momento de firmar como federado le exigían ir a las prácticas en horarios en donde estaba ocupado.
Chingolo no pudo porque trabajaba de día y estudiaba de noche. Pero prefirió jugar al básquetbol, por los horarios de entrenamientos más elásticos y convenientes. Llegó a jugar en forma oficial muy poco y se inscribió para ser árbitro en el básquetbol femenino en 1962. Así, comenzó su carrera en el arbitraje, que fue en ascenso y continuó, mientras cambiaba su domicilio temporalmente a San Rafael o Río Cuarto.
El Chingolo García tenía tiempo de dirigir y también de conducir a las organizaciones de los árbitros de básquetbol y de fútbol, al mismo tiempo. El hombre despedía de sus poros pasta de líder y además carisma para crecer. Junto a León Najnudel, creador de la Liga Nacional de Básquetbol en 1984, fue uno de los que aportó ideas para el crecimiento de la competencia y para la revaloración de los jugadores argentinos.

Hasta ser el único mendocino que pudo estar en acción con esas estrellas históricas del básquetbol.
Alberto García, ahora está retirado y llegó a ser Director Regional de FIBA Américas y Director Ejecutivo del mayor ente del baloncesto de América, hasta su renuncia en 2017.
El apodado Chingolo o Petete, tenía 48 años en el ’92 y le tocó dirigir al Dream Team, el 3 de julio de 1992, en la semifinal que le ganó EE.UU. a Puerto Rico 119 a 81.
Y dijo: “Por primera vez sentí que no podía abstenerme de la emoción por lo que estaba viviendo. Alcanzarle la pelota a Magic Johnson en un tiro libre o saque lateral, fue una sensación inolvidable y de la que fue imposible aislarme. Además reconozco que mis reflejos no están habituados a la velocidad con que ellos se mueven o juegan la pelota. A otro nivel. Aquí es mucho más difícil dirigir, me imagino. Yo no estaba acostumbrado a este nivel”. Eso es lo que manifestaba con dignidad y mucho orgullo el árbitro argentino que fue al Preolímpico de Portland en julio de 1992.
Tras ese encuentro de semifinales decidió retirar del arbitraje internacional y se dedicó a dirigir en la Liga Nacional y dar clases de arbitraje. Alberto García fue árbitro de básquetbol nacional e internacional entre 1964 y 1993 y en la Liga Nacional entre 1985 y 1993. Elegido mejor árbitro de tres años seguidos del ’91 al ‘93. Participó de los Campeonatos Mundiales de 1982 y 1990 y los Torneos de las Américas de 1989 y la última en 1992.

También fue árbitro de fútbol entre 1971 y 1984 en la Liga Mendocina. Fue instructor nacional e internacional de árbitros de básquetbol casi 30 años y delegado de la Federación Internacional en los Juegos Olímpicos del 2000 al 2016 y en los Mundiales de 2002, 2006 y 2010.
En el año 2006 fue nombrado Secretario General de Fiba Américas, puesto que en la actualidad recibe el nombre de Director Ejecutivo, en donde estuvo hasta hace dos años y medio, tras 19 años. Se radicó en San Juan de Puerto Rico.
Desde fines del año pasado es el vicepresidente de operaciones del club Capitanes de Arecibo, de Puerto Rico. El propietario del club anunció: “Para los Capitanes es un privilegio, un honor contar con Don Alberto (como cariñosamente se le conoce) y que sea parte de nuestra organización. Su presencia nada más es motivante”.
Y continuó: “Su trabajo por 19 años en FIBA América da fe de su capacidad organizativa y su amor por el baloncesto. Y ese conocimiento, más los contactos en el ámbito internacional coloca a los Capitanes a otro nivel. Nos abre unas avenidas extraordinarias e inimaginables en nuestro crecimiento. Es un paso bien grande en la estructura administrativa de Arecibo como franquicia”. Alberto García tiene el libro de su autografía “Encestando la vida”, narrada por Alejandro
García no olvida a su Mendoza natal y siempre recordará el día que dirigió el partido más inolvidable de su carrera.
