A menos de una semana para la concreción de “Constelación del vino” se confirmó que la Fiesta Nacional de la Vendimia no contará con la presencia de drones, tal como lo había solicitado el equipo artístico de la ceremonia.
Sólo una empresa formó parte de la licitación y no alcanzó, en tiempo y forma, a presentar la documentación exigida por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), por lo tanto, se relegó la utilización de dichos aparatos, aseguraron desde Cultura.
En total se habían exigido la presencia de 32 Vehículos Aéreos No Tripulados (VANT) para “Constelación del Vino”, lo que demandaba un gasto de 1,5 millones de pesos.
Los vehículos que iban a sobrevolar el teatro griego Frank Romero Day iban a formar parte de una de las escenas que idearon Vilma Rúpolo y Guillermo Troncoso y su equipo técnico.
El objetivo era que estos drones, con luminarias incorporadas, volaran en forma sincronizada creando “efecto de galaxias, constelaciones, estrella fugaz, estrellas dispersas, cruz del sur y diversas formas móviles realizadas en un plano superior, generando en el cielo del Teatro Griego un nuevo espacio escénico”, explica la licitación.

Frente a la imposibilidad de su utilización, los directores tendrán que apelar a otros recursos sobre los que ya se han puesto a trabajar.
Un recurso llamativo pero difícil de aplicar
Los VANT tienen múltiples usos y su empleo puede poner en riesgo dos principios clave de cualquier sociedad: la vulneración de la privacidad y la amenaza sobre el espacio aéreo de una región. Por ello, desde el 2015, la Argentina estableció regulaciones para tratar de controlar el uso de estos vehículos aéreos y el posible provecho que se pueda sacar de ellos.
En ese entonces se implementaron dos normativas: una vinculada a la Disposición 20/2015 de la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (DNPDP) que regula todo lo referido al derecho de privacidad de los individuos y los límites en los propósitos de los usos de los drones y, la llamada Resolución 527/2015 instaurada por la ANAC en la que se aprueba el llamado Reglamento provisional de VANT, que regula todo lo referido a seguridad aérea, permisos y registros de los vehículos.

Sin embargo, la posibilidad de utilizar los drones en la fiesta mayor chocaba con varios artículos de la reglamentación.
De hecho, uno de los mayores inconvenientes era que cada vehículo aéreo debía ser manejado por un piloto habilitado, lo que complicaba aún más la posibilidad de su existencia en la Fiesta Máxima teniendo en cuenta que sólo están habilitados aquellos que rinden un examen similar al realizado por los pilotos civiles.
