Con al menos 64.000 muertes por sobredosis de opiáceos en 2016 y una media de 175 muertes al día, según afirmó el mismo Donald Trump, no es de extrañar que desde diferentes ámbitos de Estados Unidos se reclame que esta epidemia sea tratada como una emergencia nacional.

La adicción a los opiáceos es la responsable de buena parte de esas sobredosis, que se han convertido en los últimos años en la principal causa de muerte entre los estadounidenses menores de 50 años. Más de 100 estadounidenses mueren al día por problemas relacionados con el abuso de las drogas, que sólo el año pasado causó más muertes que la Guerra de Vietnam. El país afronta la peor crisis de drogadicción de su historia desde que se tienen datos. Y Donald Trump quiere hacer algo.

El presidente anunció que la situación es “una emergencia de salud pública nacional”. La declaración no supone un aumento de los fondos federales dedicados a la lucha contra los opiáceos y tampoco permite el acceso de los estados a fondos federales. A priori, permitirá a los departamentos de Trabajo y Salud diseñar subvenciones para programas de contención y dará facilidades a los adictos para inscribirse en programas de desintoxicación.

Según el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades -CDC, por sus siglas en inglés- más de 27 millones de estadounidenses abusan de los opiáceos, que van más allá de la heroína. Casi el 50% de las muertes por sobredosis en 2015, advierte el centro, están relacionadas con analgésicos- de la familia de los opioides- recetados para tratar dolores moderados y fuertes en algunos pacientes.

“El suministro con receta sigue siendo elevado en EEUU. Se estima que uno de cada cinco pacientes con dolores no relacionados con cáncer o diagnósticos vinculados a dolor reciben opioides en consulta”, apunta el CDC, que trabaja para evitar el mal uso de estas sustancias, mejorar la prescripción de estos analgésicos y tratar los desórdenes asociados a su consumo. También advierte del incremento en el consumo de fentanilo ilegal, una droga sintética que también fabrican legalmente algunas farmacéuticas.

A esta sustancia se ha referido también el presidente, que la ha calificado de “verdadero mal” por el elevado riesgo que conlleva su consumo (es más potente que la heroína). Según Trump, la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA) ha pedido que “ese opiáceo específicamente sea expulsado del mercado inmediatamente”. También ha apuntado que en su próxima visita a China, hablará con Xi sobre este tema porque, dijo, se fabrica allí.