Por extensión, se llama cábala al cálculo supersticioso para acertar o adivinar una cosa y, también por extensión, a todo de lo que uno se vale –oraciones, amuletos, conjuros y otras yerbas– para que le vaya bien en algo. Al que recurre a esos ardides para conseguir sus propósitos se le dice cabulero. El jugador de fútbol, el director técnico, el dirigente, el hincha, todos practican la cábala para ganar los partidos.

           Uno de los cabuleros más notables es Carlos Salvador Bilardo, el único argentino que puede fumar debajo de la lluvia sin que se le moje el cigarrillo. Los jugadores también están llenos de cábalas; cualquiera puede detectarlas cuando entran a la cancha, uno toca el pasto, otro corta una mata y la besa, alguno se persigna una vez, otros se persignan tres veces o dicen una frase mirando al cielo. Pues bien, señores y señoras, estamos humor