La política energética y la comunicación parecen no ir de la mano en la actual gestión del gobierno. Algo provoca que, siempre, en medio de un momento relativamente estable, aparezca alguna novedad que no se traslada a la opinión pública con la claridad que se espera al tratarse de una decisión que puede afectar el poder adquisitivo. Esta vez, con la agravante de generar gratuitamente una sensación de incertidumbre a menos de un mes de las elecciones legislativas. La liberación del precio de los combustibles, tal como fue anunciada, provocó una pregunta básica: ¿cuáles serán los pros y los contras de una decisión de este tipo? Es en la búsqueda de una respuesta donde aparecen los diferentes puntos de vista, que se acomodan a distintas teorías económicas. Entonces resulta imposible afirmar si se tratará de una medida positiva o negativa para quienes a diario acuden a las estaciones de servicio. Porque, en este punto, las explicaciones macro poco importan. La clave es saber cómo afectará al bolsillo día a día.
La angustia de la incertidumbre
