El pibe nació en Hughes, Santa Fe, el 26 de abril de 1964, y su sueño era ser futbolista. Años después surgió de esa localidad Nacho Scocco (el que triunfó en River Plate y Newell’s). De adolescente Javier Franco tenía condiciones y era un volante de incansables movimientos que lo hacían destacar. Vive en Mendoza desde hacer 35 años y cuenta lo que sucedió a sus 16 años, “En agosto de 1980 hice una prueba en Boca Juniors y me dijeron que tenía que volver en diciembre para probarme con los jugadores del club. Volví, hice la prueba y me ficharon”.
Y continuó: “En ese momento no había lugar en La Candela que quedaba en San Justo, por lo que me fuí a vivir con una tía a Capital Federal y a mitad de año me instalé en una pensión, en Rincón 60, a media cuadra del Café de Los Angelitos. Ese año terminé el colegio secundario que quedaba en Congreso”.
“Al año siguiente (en 1982) tuve lugar en La Candela y viví ahí por 3 años. La situación en Boca era muy compleja, por cada técnico que contrataban se traía una gran cantidad de jugadores, había muchos profesionales. Esto hacía que fuera muy difícil promocionar a jugadores de inferiores, salvo excepciones como Denny Ramirez, mi compañero de habitación, que lo traen de Laguna Blanca, Formosa y lo hacen debutar con 15 años (frente a Mariano Moreno, de Junín-Bs.As-. por el Nacional el 8/4/82 (cumplió los 16 años el 14/4). Es el jugador más joven en debutar en la primera de Boca”.
A Javier Franco le tocó debutar el 22 de diciembre de 1983, nada menos que en la primera de Boca Juniors, aunque el 5-1 que le estampó Instituto de Córdoba, por el Nacional, fue un poco doloroso. Se produjo bajo una circunstancia especial en un masivo debut de juveniles por los problemas económicos de los jugadores profesionales, que estaban de huelga. Y no sería la única vez.
Tiempos difíciles
Al comenzar el torneo Metropolitano 1984 los Xeneizes tampoco tenían un buen panorama futbolístico y la institución pasó uno de sus peores momentos. Ningún dirigente se aguantaba la crisis y renunciaban o pedían licencia. Desde diciembre de 1983 hubo tres presidentes y un interventor: Domingo Agustín Corigliano, Cándido José Vidales (interino, era secretario), Horacio Carlos Blanco (interino, primer vicepresidente) y Federico Polak (interventor de la Justicia). Los sueldos no se pagaban porque no alcanzaba el dinero; y por hechos de violencia y descuidos edilicios La Bombonera estuvo clausurada.
La muerte en 1983 del hincha de Racing, Roberto Basile, a causa de una bengala arrojada desde la tribuna local, que atravesó su cuello, había pasado factura. Y literalmente el club se caía a pedazos. La cancha además no estaba habilitada en su totalidad y las bandejas de arriba debían permanecer sin ocupar.
Boca debió jugar de local en varios estadios, pero en la tarde del 8 de julio de 1984, por la 15ª fecha del torneo Metropolitano, jugó en La Bombonera. Otra vez hubo los problemas por falta de recursos económicos y mala administración, el plantel decidió no salir a la cancha a enfrentar a Atlanta. Ernesto Grillo era el DT de la cuarta y debió armar el equipo con juveniles. Fue la segunda vez para Franco, que ya tenía 20 años.
La historia de los números con fibra
Los dos equipos querían jugar con camisetas azules y amarillas y el árbitro hizo un sorteo. En el primer tiempo Boca debía salir con una camiseta clara. En la utilería no había camisetas alternativas preparadas y sólo tenían unas blancas para entrenamiento sin los números. La solución fue una simple fibra negra de trazo grueso.
Marcaron los números con la fibra y reglamentariamente estaba bien. Al menos, el árbitro Juan Bava lo autorizó. Ernesto Grillo armó a Boca con: Walter Medina; Javier Franco, Marco Dos Santos, Rubén Manfredi, Jorge Latorre; Néstor Tessone (ST 23′ entró Oscar Galarza), Roberto Fornés, Fabián Peruchena; Denny Ramírez, Gustavo Torres (ST 36′: Roberto Prado) y Gabriel Valés.
Al minuto anotó Alfredo Graciani para Atlanta, que es el mismo que en unos meses pasaría a Boca; llegó el empate de Dos Santos a los 18 minutos y en la segunda parte Boca salió con su camiseta tradicional. A los 24′ Alfredo Torres anotó el segundo de los visitantes. Torres luego de unos años jugó para Deportivo Maipú en el Nacional B. Es el mismo que fue campeón mundial Sub 20 en Japón 1979.
Para Boca jugó otro Torres. Y Gustavo Torres (apodado Tuta) y recuerda: “En 1983 comencé a entrenarme con el plantel profesional, pero mi debut oficial fue en 1984, en el triste partido contra Atlanta. El club era un desorden total, pero lo de las camisetas con los números pintados con marcadores fue culpa del árbitro Juan Bava, porque se encaprichó en que Boca tenía que cambiar y utilizar una alternativa.
Ese juego de casacas no estaba preparado, nadie había avisado nada y por eso salimos con las blancas. Para el segundo tiempo, usamos la titular y no pasó nada, por eso hablo de capricho. Boca estaba mal, pero para camisetas obviamente si tenía”.

Un dirigente lo recuerda así
El dirigente Jorge Bittar con más de 30 años como integrante de comisiones directivas de Boca recordó ese período y esa situación: “En diciembre de 1983 había elecciones en Boca y ganó la fórmula Domingo Corigliano-Orgambide-Blanco. Pero a la semana, Orgambide, que tenía contrato con Aerolíneas Argentinas, pidió licencia por dos años por un contrato en Estados Unidos. Había que remarla: había deudas por todos lados. Tanto que aceptamos jugar unos amistosos en Europa. En uno perdimos 9 a 1 con Barcelona. Una verguenza”.
“Surge el problema con Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri. Nadie les perdona que hayan ido a River Plate al cumplirse dos años con el mismo contrato y quedan libres. Ese fue el problema. Ellos querían cobrar y en el club no había un centavo. Ruggeri decía que no tenía para comer. Los profesionales declaran la huelga y es el momento en el cual debutan un montón de pibes de inferiores. Comienza la debacle: teníamos clausurada la tercera bandeja por falta de mantenimiento. Había que pagar los servicios con plata que tirábamos todas las noches arriba de la mesa. No había un centavo“.

Y también explicó lo de las camisetas: “Con el tema de la camiseta contra Atlanta, estoy cansado que no digan la verdad. Teníamos camisetas, es mentira que no teníamos. Sobraban camisetas. Sucede que venían a embargar todo a Boca, entonces llevaron la utilería a La Candela (donde se hacían algunos entrenamientos y jugaban las inferiores). Para que se den una idea, en aquellos días de 1984 llegó un oficial de justicia con la orden de embargar las máquinas industriales para lavar. Julia, una empleada que estuvo a cargo del área por más de cuarenta años, lo corrió a escobazos, impidiendo que se lleven las máquinas. ¡Eso pasaba en Boca!”.
Y continuó: “Esa tarde del 8 de julio de 1984 a Boca le tocó jugar con Atlanta. El referí dijo que cambiaba de camisetas el local. De La Candela sólo trajeron camisetas titulares. Atlanta quiso prestar camisetas, pero entrábamos en conflicto con Adidas si las usábamos. Mandaron a dos personas con una camioneta a buscar camisetas a San Justo (La Candela). Con las remeras de entrenamiento y números hechos con un fibrón, salieron a jugar así el primer tiempo. El complemento se jugó con la camiseta azul y amarilla”.
Segunda y última vez… y viaje para Mendoza
Javier Franco había tenido su segunda ocasión de salir de titular en la Primera de Boca. Tampoco fue en una situación normal pero el hecho de entrar a jugar con las camisetas pintadas con fibra, lo transformó en un partido inolvidable. Que recordó así: “Fue un día frío y con una lluvia tenue, por eso se comenzaron a despintar los números. Además, las camisetas iban absorbiendo la transpiración y hacían desfigurar los números. En la segunda parte Boca pudo salir con sus colores tradicionales”.
Los pibes jugaron con mucho fervor, pero no pudieron empatarle a Atlanta y perdieron 2 a 1. Fue la última vez de Javier en la Primera de Boca.
El torneo Metropolitano continuó con Boca sufriendo para quedar 16ª entre 19 equipos. De 36 partidos ganó 10, empató 10 y perdió 16 con 34 goles a favor y 49 en contra. Una campaña que los hinchas de Boca prefieren olvidar. Rosario Central y Atlanta se fueron al descenso.
Brilló Argentinos Juniors que le ganó el título por un punto a Ferro mientras Boca siguió jugando amistosos para recaudar dinero. En el Nacional 1984 Boca quedó eliminado en la 1ª ronda.
Franco junto con Alberto Horacio Rodríguez, otro juvenil de Boca, se reencontraron en Mendoza, en Atlético Argentino, en donde estarían en varios torneos de la Liga Mendocina, en un Provincial y un Regional. Argentino armó un gran equipo con refuerzos como Oldrá, Marcucci (Godoy Cruz), Ariel Orellano (Guaymallén), Omar Olguín, Eleodoro Brandán (Andes Talleres) y Oscar Fornari. Más los jugadores que estaban como Enrique Reggi y Miguel Funes (padre de los mellizos Funes Mori).
También se volverían a encontrar en Deportivo Maipú en el Nacional B en varias temporadas. Javier llegó para jugar en el torneo de 1988-89 y permaneció como titular induscutido durante tres temporadas hasta mediados de 1991. Jugó 114 partidos y marcó 5 goles. Compartió distintos planteles con Roberto Corró, Nocelli, Gazzaniga, Escobar, Torletti, Pralong, Murcia y en la 90-91 tuvo de compañeros a Arzubialde, Gauto, Oscar Martínez, Barrios, Toledo y hasta el mismo Alfredo Torres, que había jugado para Atlanta en el recordado partido frente a Boca.
Ascenso con el Tomba
Después Javier Franco vivió en Godoy Cruz la gran campaña en el Regional con el ascenso al Nacional B en 1994. El día domingo 19 de junio de 1994, Godoy Cruz AntonioTomba obtuvo el ascenso al Nacional B cuando empató sin goles ante Guaraní Antonio Franco en Posadas, Misiones y con ello se consagró campeón del Torneo del Interior.
El Tomba fue dirigido por Alberto Garro y formó con: Claudio Manchado; Villalobos, Iglesias, Oldrá y Osvaldo Almeida; Hermes Almeida, Franco, Marcucci (remplazado por Lentz a los 32’ ST) y Pereyra (Cuello 43’ ST); Naves y Abaurre. No ingresaron De Lucca, Vargas y Núñez.

Luego se mantuvo durante el torneo Nacional B de 94-95 en donde jugó 29 partidos en uno de los grandes equipos que dirigió Alberto Garro en el Tomba.
Con 31 años Javier Franco decidió retirarse y se metió en un negocio gastronómico con mucho éxito en Todo Rico, muy cerca del Puente Olive en Godoy Cruz. “Luego de mucho esfuerzo porque trabajaba muchas horas en 2010 me recibí de Licenciado en Administración de Empresas”.
“Estuve con Todo Rico hasta el 2011 y a partir del 2012 hicimos una división de la empresa y nuestra familia, mi esposa y yo, nos dedicamos a la venta de servicios de comidas al sector corporativo. La empresa se llama Gastrosud. Tengo a mis dos hijas trabajando en la empresa: María Belén que es Licenciada en Comercialización y María Micaela que es Licenciada en Administración de Empresas”.
La vida futbolística de Javier tiene momentos de soledad, al alejarse de su familia; de emociones, de festejos, de grandes triunfos y derrotas; también debió esforzarse para llegar a los objetivos comerciales que se propuso, ahora en compañía de su familia. Pero la historia de “las camisetas con números pintados con fibra” en la cancha de Boca, quedará marcada como uno de los momentos de su carrera.
Su vida no se destiñó y alcanzó brillo. Como para contar la anécdota y reir de cada detalle.


