Han pasado muchos años, siglos han pasado para que la Justicia se pusiera el traje justo y, tal vez, haya llegado el tiempo de las reivindicaciones históricas. La Suprema Corte de Justicia falló a favor de las comunidades huarpes al rechazar el recurso de inconstitucionalidad presentado por la Fiscalía de Estado contra la ley 6.920 de octubre del 2001. La sentencia es fundamental para sostener el reclamo histórico de los descendientes de estas comunidades nativas por el dominio de la tierra que habitaron los pueblos precolombinos.
“La tierra estaba de antes, compadre”, decía el Armando Tejada Gómez y, desde ese antes, la tierra era de ellos. Muchos intereses se opusieron a que esto fuese realidad, intereses de aquellos que usurparon la tierra durante años para usarlas nada más que como uno de sus negocios, que no la cultivaron, que no lucharon, que no la sufrieron, que no la quisieran como sí lo hicieron durante siglos los hermanos huarpes. La ley cuestionada por el entonces fiscal Pedro Sin y ahora ratificada por la Corte establece la declaración de utilidad y sujeto de expropiación la fracción de terreno que alcanza a 700.000 hectáreas que pertenecen fundamentalmente al territorio del departamento de Lavalle.
Los huarpes tendrán su tierra, falta un poco todavía, pero ya están más cerca. Es decir, los huarpes volverán a tener los territorios que legítimamente les pertenecen, para que puedan seguir con su cultura, con sus modos de vida, y para que la esperanza sea más grande. A veces, vale la pena esperarla a la justicia. Vayan las felicitaciones para todos los hermanos que lucharon por esta causa, a Fidel Bustelo, al padre Benito, y sobre todo, a los miles y miles que se murieron pensando que estaban siendo atropellados por el progreso. Sonó un tiro para el lado de la justicia, y sonó bien fuerte.