San Rafael es el “epicentro” de una empresa que actualmente está bajo la mirada de la Justicia por su modelo de negocio, que podría tratarse de una estafa piramidal: Ganancias Deportivas, una firma que comenzó a expandirse hace dos años en el sur provincial y ya cuenta con alrededor de 30 mil sanrafaelinos en su red.
El negocio se presenta como una plataforma de inversión deportiva mediante el cual una persona en teoría puede invertir en euros y recibir un rendimiento del 20% mensual, sumado a los ingresos que se generan por añadir a otros interesados al esquema.
La promesa es que esos fondos se utilizan para que un equipo de “expertos analistas con 10 años de trayectoria” apuesten en la timba futbolística. Sin embargo, el mecanismo para generar dinero despertó sospechas en el departamento y el fiscal Javier Giaroli actuó de oficio y abrió una causa para investigar a la empresa, solicitando conocer los balances de la firma.
A pesar del hermetismo respecto al tema dentro de la fiscalía mientras se avanza con las pesquisas, fuentes judiciales indicaron a El Sol que el dato clave para determinar si se trata de una estafa es el origen del dinero que se paga a los miembros de la red de Ganancias Deportivas.
“¿De dónde provienen las ganancias? Si se les está pagando a los inversores con intereses de lo que ingresaron otros miembros, la plata viene de adentro y es la definición de un Esquema Ponzi”, detallaron.
La estafa piramidal
Un Esquema Ponzi es una estafa piramidal que consiste en organizar una estructura en la que los miembros pagan por entrar y ganan dinero sumando nuevos integrantes, quienes a su vez deben ingresar a más personas.
Uno de los casos más relevantes en los últimos años es el del “telar de la abundancia”, que generó alertas en distintos sectores del país por su influencia, especialmente de la mano de personas famosas en Argentina.
El economista Sebastián Laza resumió la definición de una estafa piramidal como “un esquema donde la gente se apalanca con la plata de otros: algunos ganan y otros viven de una ilusión, pero no ganan nunca”.
Para evitar que la maniobra se descubra, se utilizan distintas “fachadas” que involucran algún producto o servicio para revender, pero que no es el verdadero origen de las ganancias. Esta es la vara que se busca dilucidar en San Rafael: si el dinero provine principalmente de los propios miembros, la Justicia puede intervenir.
Ver también: Los peligros bajo un nuevo modelo de inversión en Mendoza
Sin embargo, la situación podría escapar a la esfera provincial, ya que al tratarse de una empresa con origen en España y Costa Rica, deberá actuar la Justicia Federal en caso de que se compruebe una estafa.
Las sospechas
Para determinar si las ganancias son legítimas, la Justicia requirió informes de cómo se genera el dinero con las apuestas que anuncia la empresa. En caso de que se pueda probar que la “estrategia ganadora” de Ganancias Deportivas es la que da rédito económico, no habría delito implicado.
Sin embargo, en el Poder Judicial tienen distintos indicios para sospechar que las ganancias no son legítimas. Entre los principales figura que las apuestas han dado una ganancia sistemática durante dos años, contrariamente a lo que pueden indicar las estadísticas y el modelo de negocios de las casas de azar; y que en caso de tener “el secreto” para acertar siempre a los resultados, no habría necesidad de formar una red para sumar integrantes que se lleven parte de las ganancias.
Boston vs. San Rafael
Carlo Ponzi fue un estafador cuyo caso se volvió tan famoso que su principal maniobra lleva ahora su nombre. En 1919, fundó una empresa que prometía utilizar los dólares que le pagaban los interesados para comprar cupones en una divisa de menor valor, para luego cambiarlos por estampillas en países con moneda más fuerte y cerrando el ciclo canjeándolas por dinero en efectivo, obteniendo un rédito por ello.
El estafador prometía ganancias del 50% en 45 días o del 100% después de tres meses gracias a esta operación. Pero, en realidad, Ponzi nunca trabajó con los cupones. El dinero que pagaba a los miembros se generaba con lo que ingresaban los integrantes nuevos. Los plazos le permitían juntar el dinero suficiente para pagar a los antiguos miembros. La estafa se descubrió con el cálculo de un analista financiero: en teoría, la empresa movilizaba 160 millones de cupones, cuando sólo habían 27 mil en circulación.
Fuentes judiciales vinculadas a la causa señalaron que la investigación en Mendoza tiene una serie de filtros que complejizan determinar si se está frente a una estafa o no.
“No es tan sencillo ahora que existen las redes sociales. Por ejemplo, los pagos son en Bitcoins y los plazos de devolución del dinero son a seis meses, lo que aumenta el tiempo que tienen para maniobrar antes de desaparecer cuando no puedan seguir expandiéndose”, señalaron.
