Es como si se hubiese terminado el año. Ayer, una señora me paró en la calle para desearme feliz Navidad y próspero Año Nuevo. ¡Eeehh! Paren la mano, che, todavía faltan casi dos meses para el campeonato de la gastronomía familiar. Los chocos han comenzado a asustarse, porque en cualquier momento comienzan con los cohetes. Es como si las elecciones hubiesen sido una bisagra, después ya está, se terminó el año. Como si lo que resta, que es un considerable 16 por ciento de días, no importara nada. Es que el tipo y la tipa han tenido un año duro, de trámites, de vencimientos, de conflictos, bajones, angustias, inflación en ciernes y en el que hemos soportado el bombardeo de la propaganda política, que nos llenó los ojos, los oídos y otras zonas erógenas.
Entonces, no dan más, quieren vacaciones. Y, al parecer, las vacaciones van a ser noticias este año, porque en algunos lugares de veraneo ya no quedan plazas libres, ni parques ni paseos públicos. Están todos tomados, dijo el vago que llegó tarde al asado. De todos modos, algún lugar van a encontrar quienes quieran alejarse un ratito del hábitat en donde han sufrido el 2007. Sólo queda esperar el traspaso de mando y listo, cerrado el año. Puede que haya novedades en torno a las acciones gubernamentales en los últimos días de diciembre, algo va a tener que anunciar Cristina, y que aparezca como algo novedoso, para alejar los comentarios que dicen que todo lo que está ocurriendo a nivel poder es más de lo mismo.
Pero el tipo y la tipa, a comienzos de noviembre, ya quieren destapar la sidra, darles Lexotanil a los chocos, quejarse del calor que hace, preparar el pesebre y el infaltable vitel toné de las cenas frías y brindar por el 2008, que es un año par en todo sentido y tiene una ventaja considerable por encima del 2007: no es año electoral. La tipa o el tipo están cansados, y tienen todo el derecho a sentirlo. A veces, ser ciudadano cansa.
