El presidente Alberto Fernández y la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, mantuvieron una charla secreta que definió el voto argentino contra Venezuela, respaldando la resolución 45 impulsada tras el informe que denunció violaciones a los derechos humanos bajo el mandato de Nicolás Maduro.
El encuentro que fue clave y se desarrolló el martes, se dio a conocer este miércoles luego de que fuentes de la Casa Rosada confirmaran el zoom del Fernández con Bachelet.
Según publicó Clarín, mantuvieron una larga conversación por más de una hora donde se analizaron los dos informes sobre la situación en Venezuela: el del Alto Comisionado de los DDHH de la ONU y el informe del Grupo de Lima.
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Si bien el presidente ya los había leído “quería interiorizarse personalmente” y de primera mano. Sobre todo, habría expresado sus dudas sobre el informe del Grupo Lima ante “deficiencias serias e importantes” que incluyen “consideraciones sesgadas” de la crisis venezolana.

Opuesto a esto fue la postura de Fernández frente al trabajo de la expresidenta de Chile, especialmente porque “realzó” un documento que advierte que las “instituciones en Venezuela están erosionadas” y existen “ejecuciones” de las fuerzas de seguridad. En tanto ambos coincidieron en condenar y abortar cualquier intento de intervención militar en Venezuela.
Una vez finalizado el encuentro, que se desarrolló con cordialidad, Fernández se comunicó con el canciller Felipe Solá para darle precisas instrucciones sobre cómo votar horas después en Naciones Unidas.
#HRC45 adopts by vote a resolution on #HumanRights in the Bolivarian Republic of #Venezuela, extending the mandate of the #FFMVenezuela by 2 years, requesting the FFM to present oral updates at #HRC46 & #HRC49, prepare reports for #HRC48 & #HRC52, & transmit all reports to #UNGA pic.twitter.com/CaaNSx6D6F
— HRC SECRETARIAT (@UN_HRC) October 6, 2020
Lo que vino después, con el hecho consumado con la participación del embajador Federico Villegas en la asamblea de la ONU, es conocido. Es decir, la indignación de otro sector del Gobierno vinculado a la vicepresidenta Cristina Kirchner, con la posición de la diplomacia nacional en un tema sensible como la condena al gobierno chavista de Nicolás Maduro.
