Buenos días, a pesar de todo. Vivimos invocando al éxito, nos exigen o nos exigimos ser una persona exitosa. Pero ¿qué entendemos por éxito? Una persona que no se destaca en nada pero cumple con su rol en la vida, y es buena, y es querida, servicial, no jode a nadie, ayuda en cuanto puede, ¿por qué no es una persona exitosa? ¿Qué es ser exitoso? ¿Ganar siempre, hacerse notar en cualquier lado que vaya, ser aplaudido en cuanta reunión acuda, ser alabado por los chupamedias de siempre? ¿Qué es ser exitoso? ¿Tener un cero kilómetro, tomarse vacaciones en Cancún, andar con cuatro celulares, vivir en un barrio cheto, cenar con champaña? Algunos dirán que el éxito es sinónimo de triunfo. ¡Las petunias! Triunfar es ganar, y no voy a dejar de reconocer que tiene su lado lindo la cosa, pero no todo triunfador es un exitoso y no todo perdedor es un fracasado. Doña Felisa, que vive en su barrio, pobre, pobre ella y su barrio, no ganó nunca ni a las bolitas, pero en el barrio es considerada una mujer buena, noble, dispuesta a ayudar, a escuchar, a orientar, a dar lo que no tiene para producir sonrisas en los otros. ¿Le hizo falta ganar algo a Doña Felisa? ¿Por qué esto? Porque entre triunfo y éxito existe una sutil diferencia que tiene que ver con los orígenes de las palabras. Triunfo proviene del latín triunphare, que significaba entrar en la Roma antigua con solemnidad y pompa, el vencedor de los enemigos de la República. Es decir, triunfar significaba haber derrotado a alguien, en cambio, éxito proviene del mismo idioma pero de la palabra existere, salir, nacer, el mismo origen que la palabra existir. Tal vez el mayor éxito de la vida sea ese: existir, no ganar, no derrotar, no sobresalir, no destacarse, no brillar, simplemente, existir, con las formas buenas de la vida, con la nobleza de lo simple, con la algarabía de ser querido. Simplemente, existir. El éxito no es un momento de gloria en la vida, el éxito son todos los momentos de la vida en que justificamos la palabra existir.