Buenos días, a pesar de todo. Escuchame, pibe, semillita de esperanza, escuchame, ya sé que estás más desconcertado que buzo en La Rioja, sé que mirás por la rendijita que da al futuro y ves todo más oscuro que paladar de choco fino. Sé que tenés preguntas que sólo puede contestarte el futuro y no hay adivina ni pitonisa ni bola de cristal que pueda darte una certeza. Yo sé que ya no te tragás eso de que hay que estudiar para ser alguien en la vida, pero, bueno, cambiemos un poquito la sentencia, porque sigue siendo verdad que hay que estudiar para tener más posibilidades.

Podés terminar siendo un desocupado con título, es cierto, pero eso es mejor que tener únicamente el título de desocupado. Estudiar no te asegura un futuro trabajo pero te da mejores posibilidades de llegar a tenerlo. Yo confronto todos los días con estudiantes que van a iniciar sus estudios superiores. Tienen el trasero lleno de preguntas y las sillas son pocas. Veámoslo de esta forma: la educación es un bien intrínseco a la intención de superarse de la especie. Es un bien, nunca un mal.

Estudiar no puede hacerte mal de ningún modo, porque, en definitiva, estudiar es prepararse para mucho en general y para algo en especial. Conocer es saber dónde están las soluciones, ignorar es tener el horizonte estrecho, conocer es tener el horizonte amplio, y en un horizonte amplio es mucho más probable encontrar un amanecer. Sabemos que los niveles de enseñanza están alicaídos, que la enseñanza estatal no tiene el presupuesto que se merece –aunque en algo hemos mejorado–, que los profesores no tienen el sueldo que se merecen –en algo hemos empeorado–, pero, por poco que sea, por disminuida que encuentres la enseñanza, lo escaso que te dan es muy difícil que te lo den en otro lado.

El estudio te da conocimiento, método, disciplina, roce intelectual, debate, ansias de superación, nuevas ilusiones, nuevos desafíos, preocupación por el entorno y el conjunto y, lo que es más importante de todo, la hermosa posibilidad de realizar tu vocación. Esas sustancias no andan sueltas por el aire, están dentro de los claustros, creeme, yo me encuentro con ellas todas las semanas. Preguntás si la carrera tiene salida laboral, mirá, más importante que la salida es la entrada, y la puerta es única y se abre para adentro.

Preguntás si no vas a perder el tiempo. No hay relojes que midan el saber, hay, simplemente, una vida. Preguntás si estudiar te asegura el futuro. De ninguna manera, pero por lo menos te salva de dejar en blanco el presente. Además, péndex querido, el país necesita crecer, porque el mundo del futuro será el del conocimiento y si vos estudiás, todos hemos de crecer un poquito. Eso sí, si se te da por estudiar Ciencias Económicas, a ver si encontrás algo mejor que el neoliberalismo, la libertad de los mercados y el Fondo Monetario. Por favor.