El tipo está mufado. Los mendocinos tenemos un término para referirnos a esto: se enculó. El término es por demás ilustrativo, al tipo se le puso cara de dorso, cara de traste, le pasó algo que no estaba dentro del espectro de lo agradable. Lo agarró la vida de sobrepique y de un solo patadón lo mandó a poblar los vientitos del enojo. Y uno lo nota, porque la cara de enculado es notable, es más evidente que espinilla en el medio del naso.

    La frente se le arruga como sábana de abajo, las cejas se le arquean en señal de disgusto, los dientes se aprietan como si se hubieran quedado pegado con el chiclet y la nariz se agranda y se achica como un toro bufando. El tipo se enculó, hizo algo o hubo algo en la trayectoria de su día que lo llenó de inquina, de desasosiego, lo destempló, lo sacó de madre y de padre también, y las consecuencias se notan. Uno lo ve y le dice: “¡Eh,Pepe! ¿Qué te pasa que tenés esa cara de cu…”.Y el tipo contesta en consonancia con su cara de cu…(enojado). “No me pasa nada”.

    Lo que es una mentira de proporciones considerables, porque es seguro que le pasa algo. Y si la cosa quedara en su contorno nada más, si la mufa no se extralimitara y se ciñiera solamente a aquel que porta la mufa, la cuestión no sería tan grave. El problema es que el tipo contagia. Póngase usted durante unos quince minutos nomás al lado de un tipo con cara de enculado y ya va a ver como termina enculado también. Por el centro, un día lunes a la mañana, esta situación ocurre con las dimensiones de una epidemia, estamos todos uniformados de enculidad.

    La semana debería comenzar el martes, y a la tarde. Aunque dentro de la especie hay algunos que son más especiales todavía, son aquellos que no ponen cara de enculados, que tienen cara de enculado, pase lo que les pase, y lo que les pase sea bueno o malo, los tipos tienen cara de enculados. No es una pose, es una manera de ser. Con ellos queda muy poco por hacer, es inútil tratar de levantarles el ánimo, porque parece que la situación del ánimo caído les viene muy bien. Ni el mejor Negro Olmedo de los mejores tiempos los harían cambiar de expresión. Si usted los ve sonreír, avise, puede que implique una acción periodística, puede que llueva, que tiemble o que sople Zonda. Pero avise, porque si un mufado sonríe, seguro que algo va a pasar.