Las encuestas se han metido en nuestra forma de vida. La opinión pública, la situación nacional, nuestro bienestar o malestar, todo se maneja por encuestas. Y, claro, el Gobierno tiene, como debe ser, una institución que se la pasa haciendo encuestas permanentemente: el INDEC (algunos dicen que ahora es con K final).

    El INDEC está más cuestionado que Ahumada en River y muchos no creen en sus números, salvo la presidenta, por supuesto. Días atrás nos enteramos de que la pobreza había bajado y también la indigencia. Se pusieron muy contentos los del Gobierno sin pensar que no merece alegría que, a pesar del descenso, todavía existan millones de pobres y de indigentes en un país que tiene recursos como para que no haya ni uno solo.

    Pero ante la alegría de la Casa Rosada salió al encuentro la Iglesia, que dijo que, según su percepción (la percepción es una encuesta que no maneja números sino sensaciones), la pobreza y la indigencia habían aumentado. Por supuesto que Cristina salió a oponerse firmemente con los números de su encuesta pero, bueno, va a tener que atender los números de otras encuestas que andan por ahí porque es una señal de alerta. Según tres encuestas de opinión conocidas en los últimos días, la imagen de la presidenta Cristina Kirchner retrocedió diez puntos respecto de un mes atrás y más de 20 en los últimos dos meses.

    El conflicto con el campo y la “creciente preocupación” que genera la inflación son los detonantes principales. Desde que empezó el conflicto con el campo, hace poco más de dos meses, la imagen positiva de Cristina Kirchner bajó 21 puntos y suma una caída de 30 puntos en lo que va del año. La presidenta, que llegó al poder en diciembre con 51 puntos de imagen positiva, trepó a 56 en enero, aumentó y desde entonces empezó un descenso –primero fue leve y en los últimos 60 días se volvió catastrófico–, hasta ubicarse este mes en apenas 26 puntos.

    Al parecer, todo comenzó con aquella famosa frase: “Yo no me voy a dejar extorsionar”. Si uno cree en las encuestas, tendrá que creer lo que está pasando, y lo que está pasando es que la confianza puede transformarse en desconfianza de un momento para otro y que, en estos casos, no tiene ningún valor el casillero de no sabe no contesta.