Roberto Macias es dueño de un pelotero en Las Heras y desde el 16 de marzo se encuentra sin actividad. Hasta ese día, la actividad de su negocio era regular, pero al enterarse de la orden de cierre por la pandemia de coronavirus, supo que vendrían meses difíciles. Hoy se encuentra al borde de la quiebra.
“La situación ha sido muy mala en lo económico, pero también en lo psicológico. El desgaste de esta situación me apabulla. No estamos en contra de las medidas, se hizo lo que se debía hacer, pero después de tres meses, esto nos está apremiando, ajustando y ya es más que desesperante“, expresó.
En medio de las flexibilizaciones, el dueño de Isla Pirata pudo volver a visitar su local, pero se encontró con un panorama que ya llevó a otros colegas a cerrar definitivamente: una pila de boletas a pagar que lo esperaban en la entrada. Según indicaron desde el sector, los gastos fijos como el alquiler, los impuestos municipales, la AFIP y los servicios de luz, gas y agua no se detuvieron.

Sin posibilidad de hacer funcionar sus negocios, al principio se recurrió a los ahorros, pero ahora la mayoría acumula deudas o pide plata para sostenerse a la espera de un decreto que les permita volver a recibir niños.
Agrupados
Frente a esta situación, se formó la Asociación de Peloteros de Mendoza, donde se calcula que hay unos 96 establecimientos de este tipo, con al menos 15 negocios que ya cerraron definitivamente debido a la crisis.

Javier Pérez Braga, presidente de la entidad, explicó que al relevamiento se está sumando San Rafael y que las restricciones afectan exponencialmente al sector. “Somos 120 familias que dependemos de forma directa de los peloteros. Cada local tiene un promedio de tres empleados: hablamos de cientos de personas que viven de nuestra actividad”, observó.
A esa cifra también se le suman otros rubros como la venta de cotillón, armado de tortas o animación infantil.
¿Cómo será el regreso?
Desde la asociación decidieron ponerse en contacto con las municipalidades del Gran Mendoza y entregarles un protocolo para que se eleve el pedido de flexibilización, al igual que ocurrió con otros rubros.
“Sabemos que no depende de la provincia, pero podemos ofrecer medidas de prevención similares a bares y restaurantes”, afirmó Pérez Braga. Esto se debe a que, según indicó el dueño de pelotero Recreo, la principal veta de su rubro está ligado al gastronómico, más allá de los juegos en el salón.

“Si reducimos la capacidad al 50%, habría más juegos para menos niños. A eso se le suma el uso de barbijo y la desinfección total cada día”, detalló.
Incluso se propone realizar un control adicional pidiendo declaración jurada de la cantidad de invitados para que, ante cualquier eventualidad, se pueda realizar un control epidemiológico. “No es como un cine, que todos van y no sabés quiénes son. El resto sería igual que salir a comer: mesas de seis personas, distancias entre los comensales y cartelería informativa”, sostuvo el presidente de la asociación.
