No se trata de caer en el lugar común sobre la igualdad entre hombres y mujeres. El tema es más profundo y va más allá de una marcha o de un día determinado. Tiene que ver con el concepto de civilización, con un progresismo entendido en esos términos, que no existan diferencias entre sexos, razas, religiones y que a nadie se le ocurra someter física o psicológicamente a otra persona. En definitiva, lo que está en juego y lo que se busca es lograr una sociedad que se base en el respeto, que se valoren capacidades sin necesidades de cupos. Hacer hincapié en la lucha contra la violencia de género hasta que se logre desterrar la violencia en todas sus expresiones. El camino es educar a partir de conceptos de igualdad, tolerancia y confraternidad.
Que no haya ni fuertes ni débiles. Que no haya abusos. Que nadie frivolice esa lucha por derechos que, una vez conquistados, servirán para tener una sociedad más madura y preparada para afrontar tiempos difíciles.
