Pasados ocho minutos de las doce de la noche, el Gran Mendoza se estremeció y las casas de adobe crujieron, se agrietaron y se desmoronaron. La energía que salió de la tierra pareció una explosión y hasta se iluminó el cielo en el piedemonte. Crujió el Oeste.
El sismo fue de 6,3 en la escala de Richter y alcanzó los 7 grados en la escala de Mercalli. Seis muertos, 238 heridos quedaron de la noche del 26 de enero de 1985. Villa Hipódromo y todos los barrios aledaños en Godoy Cruz fueron el epicentro del movimiento telúrico.
El viejo hospital El Carmen sufrió las consecuencias y quedó semidestruido, y sus internados debieron ser evacuados. Doce mil casas fueron afectadas y fueron miles las construcciones de adobe que se cayeron.
Santiago Felipe Llaver había asumido como gobernador de Mendoza hacía un año y dos meses (a fines de 1983) y debió tomar medidas de urgencia bajo el apoyo del presidente Raúl Alfonsín. La suspensión de la Fiesta Nacional de la Vendimia fue una de las medidas adoptadas.

Muchas escuelas, clubes y polideportivos, como el Ribosqui, de Maipú, se convirtieron en tiendas de campaña. Llegó la ayuda nacional e internacional para la gente “que había quedado en la calle” y dormía en carpas. Desde la AFA le ofrecieron a la Liga Mendocina de Fútbol un partido amistoso con la presencia de la Selección argentina.
El jueves 28 de febrero de 1985 fue el día elegido para la presentación del equipo que conducía Carlos Salvador Bilardo. El combinado nacional vino sin pedir ninguna retribución. La Liga Mendocina organizó el partido y toda la recaudación quedó para los damnificados por el sismo.
Con los 15 millones que se recaudaron se construyeron casas destinadas a algunas familias que quedaron sin “techo”.
Miguel Converti armó el combinado de la Liga con jugadores de Gimnasia (Rojas, Morán, Quintana, Zolorza y Carlos Rodríguez), Maipú (Murcia, Fóppoli, Álvarez y Scatolaro), Godoy Cruz (Zapata), Argentino (Reggi y Horacio Rodríguez), Rivadavia (Coria), Palmira (Matricardi), San Martín (Arce) e Independiente Rivadavia (Cabrera). No incluyeron a jugadores de Huracán Las Heras porque estaban participando en el Nacional.
Con esta base (con la presencia del mendocino José Daniel Ponce) Bilardo haría el equipo para las eliminatorias, sumando a Passarella, Maradona …. La Selección se tomó con liviandad el partido y el mismo Bilardo, empecinado DT de las estrategias, le preguntó a un joven periodista (quien escribe) por la formación local en la puerta del vestuario. ‘Che, para qué metieron tanto si nosotros sólo vinimos a ayudarlos’”, les decía el Cabezón a algunos jugadores mendocinos.
En el primer tiempo una corrida del Pampero Hugo Coria que terminó en un centro para Carlitos Rodríguez, que la enganchó con el taco y fue el 1 a 0. Empató Pasculli y en la segunda parte Burruchaga logró el gol del triunfo. Después Fóppoli no pudo con Islas en un penal. Un empate hubiera sido más justo de no mediar la buena tarea del arquero Luis Islas.
De los que estuvieron en el partido a beneficio en Mendoza fueron campeones mundiales un año después: Islas, Brown, Clausen, Garré, Giusti, Burruchaga y Pasculli. El mendocino Ponce quedó afuera.

Jugaron para el seleccionado de la Liga Mendocina: Enrique Reggi; Ciriaco Zapata, Carlos Rojas, Pedro Fóppoli y Roberto Morán; Oscar Quintana, Rodolfo Zolorza y Alberto H. Rodríguez; Luis Scatolaro, Carlos Rodríguez y Hugo Coria. Cambios: ST 7’ Juan C. Cabrera por A. Rodríguez; 20’ Domingo P. Arce por Scatolaro; 28’ José Alvarez por Morán y 31’ Nicolás Magricardi por Coria.
Para el seleccionado de la AFA, Bilardo puso a: Luis Islas; Néstor Clausen, José L. Brown, Oscar Ruggeri y Oscar Garré; Ricardo Giusti, Enzo Trossero, Jorge Burruchaga y José Daniel Ponce; Ricardo Gareca y Pedro Pasculli. En el segundo tiempo ingresaron Miguel Angel Russo por Brown y Oscar Dertycia por Gareca, 9’ Julián Camino por Clausen y 31’ Alerto Márcico por Pasculli.
Fue 2 a 1 para la Selección y esa noche se vendieron 17.915 entradas que sirvieron para construir 10 casas que fueron a los damnificados.
Le tocó de cerca
El único mendocino que tenía el Seleccionado Nacional le tocó de cerca. Porque a José Luis Ponce volvió a recorrer el arrio Marini de Godoy Cruz, las calles Falucho y Arias, y vio adobes, ladrillos y vigas por el piso. La casa de su niñez ya no existía y el hogar de su abuela había quedado un poco en pie y otro poco abajo. Las paredes agrietadas y las ventanas sin vidrios y decía José: “Todo esto me desespera. Jamás pensé que todo ia a terminar así. Me duele y me dan ganas de llorar. Es injusto. Acá vivía gente trabajadora a la que les costó mucho tener su casa propia”.

Y con lágrimas Ponce mencionaba en una nota de El Gráfico, que “Les va a llevar años reconstruir esto, esta gente labura y les alcanza sólo para comer. Mirá las casas eran de adobes no son antisísmicas. Y recuerda cuando pude ganar unos pesos en el fútbol les compré una casa a mis viejos, me acuerdo cuando mi viejo se quedó sin trabajo en la Bodega Filippini. Mi infancia fue dura, yo soy el mayor de cinco hermanos”. Y acá, señala Daniel “en este zaguán jugábamos con mis hermanitos a la pelota hasta que nos corrían”.
“Yo vine a comprarle una casa a mi abuela, pero como me pidieron disparates, voy a esperar que los precios vuelvan a la normalidad. Pero todo esto me vuelve loco, es como si el terremoto hubiera matado mi niñez”.
“De chico estaba ien vestido, zurcido, pero no roto. Me pasaba revolcándome en la tierra como todos mis amigos, nos íbamos en la siesta a bañar al zanjón y llegábamos todos embarrados. Ahí tenía que gambetear, más que en la cancha, los varillazos que me largaba mi vieja, pero mi auela siempre nos defendía”.
“Cuando terminé séptimo grado me regaló mi primer reloj, un fenómeno la nona. Ella no se quiere ir del barrio, por ella volví a estas calles y se quedó con uno de mis hermanos que quiere ser camionero”.
Y se le vienen a la mente recuerdos: “En estas calles aprendía a jugar, a tirar caños, paredes”. Y señala: “yo vivía en esa casita amarilla, fue mi hogar siempre, ahí me crié con mis cuatro hermanos, mis padres y mi abuela paterna. Esto que ves en ruinas fue gran parte de mi vida. Apenas empece a caminar pateaba todo que que tenía enfrente… tarritos, piedras, juguetes, bueno también la pelota de goma. “Siempre imaginaba que algún día ia a jugar en la primera de Godoy Cruz Antonio Tomba. Y ese fue mi primer sueño a los 16 años. Después soñaba con jugar en algún equipo de Buenos Aires, en la Selección”.
Y así el jugador de Estudiantes de La Plata hablaba de su infancia mientras recorría el barrio, entre las carpas amarillas y naranjas que les dijo el gobierno y el Ejército, armadas frente a las ruinas de sus casas, para esos vecinos que no quieren dejar lo poco que les quedó de sus pertenencias.
Algunos pudieron salir con ayudas bancarias, con préstamos otros se las rebuscaron alquilando en otros lugares, a algunos les dio un nuevo techo el Gobierno. Pero las casas no volvieron a ser las mismas. Se las llevó el terremoto del 26 de enero de 1985.
