El estudiante promedio de programación en Mendoza tiene que lidiar con un obstáculo que no todas las carreras poseen: que las ofertas laborales no lo distraigan de recibirse. Si bien el sector es uno de los mejores pagados en el mundo, los ingresos mensuales en Argentina duplican el valor de la canasta básica familiar.
El dato surge del último informe del Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos, perteneciente a la Cámara de las Empresas de Tecnología de la Información de la Argentina (Cessi): la paga media en la industria es de $91.000, lo que representa más de cinco veces el salario mínimo vital y móvil, que se ubica en los $16.875.
Un programador junior, donde se ubica la mayoría de los estudiantes formales o quienes aprenden por cuenta propia, gana en promedio $55.000 al mes; mientras que los senior reciben una media de $118.000.
Sergio Candelo, presidente de la Cessi, indicó que el aumento interanual en julio del 2020 fue del 51%, mientras que la inflación fue del 42,4%.
“Entre agosto y diciembre de este año se espera que los salarios aumenten, en promedio, un 16,6%”, detalló acerca de su rubro. “Estamos en condiciones de afirmar que, de acuerdo a este informe, si un joven que ingresa a trabajar en una empresa de la industria, con conocimientos de programación y a pesar de no tener experiencia laboral previa, prácticamente cubre las necesidades básicas de todo su grupo familiar con su salario”.
Alentar a terminar
Osvaldo Giordani, coordinador de la Tecnicatura en Programación de la UTN Mendoza, explicó que la demanda de recurso humano “es tan alta y tentadora que los alumnos dejan la carrera”, por lo que el desafío principal desde la institución es apuntalarlos para que se reciban.
“Por más que sea en modalidad home office, las empresas norteamericanas te pueden contratar de manera virtual y pagar dos, tres o cuatro mil dólares. Cualquier alumno dice: ‘Listo, no estudio más’”, mencionó Giordani.
Sin embargo, el coordinador celebró que este año no se generó una disminución en la matrícula, sino que incluso la cifra de aspirantes a ingresar casi se duplicó. “Buscamos facilitar el camino para que se reciban, principalmente en los horarios, para que puedan cumplir con ambas responsabilidades simultáneamente”, agregó.
De esta forma, mientras que en 2019 hubo 280 inscriptos para estudiar programación en la UTN, en esta oportunidad se presentaron 480 personas. Aún así, en el ingreso se selecciona a los 100 mejores promedios luego del preuniversitario. La proyección de la institución es que el año siguiente se vuelva a duplicar la cantidad de interesados.
Recurso humano
Fabricio Cuaranta, presiente del Polo TIC, enfatizó que la infraestructura académica de la provincia permitió que, a su vez, las empresas locales que fueron surgiendo en los últimos años pudieran contratar estudiantes mendocinos. “En Mendoza existen siete universidades con carreras afines a la industria del conocimiento”, señaló, a lo cual se suman escuelas de código.
En la provincia, la mayoría de los emprendimientos son pymes, se calcula que unas 450, por lo que no cuentan con una gran cantidad de empleados. Aún así, la búsqueda de programadores introduce una competencia por ofrecer mayores salarios, capacitación y “extras”, como beneficios de gimnasio o desayunos saludables.
