Los orígenes hay que buscarlos entre fines de los 90 y aquellos agitados y devastadores años del 2001 y el 2002, cuando Argentina parecía sumirse en aquella ciénaga en la que nada se salvaría. Un grupo de empresarios, cuarentones ellos, se reunían por primera vez para darle forma a la creación de una suerte de plataforma de desarrollo de lo que incipientemente empezaba a llamarse “servicios basados en el conocimiento”. A muchos de estos tipos se los identificaba como “nerds”. Eran los nerds, en verdad, de comienzos del milenio. Imaginaban que en Mendoza podría establecerse algo cercano, o parecido, a lo que ya mundialmente se conocía como la meca del conocimiento tecnológico e informático denominado Silicon Valley, en el norte de California, en la Bahía de San Francisco, Estados Unidos.
Con la idea en estado germinal sedujeron al mundo académico y también al Estado. Roberto Iglesias, el gobernador de aquellos años, compró la idea, y las tres patas –la privada, el Estado y las universidades– se metieron de lleno en lo que se sería, con el tiempo, el alumbramiento definitivo del Polo TIC.
Repasando el camino del crecimiento y desarrollo del Polo, hoy sale a la luz que vino a ser uno de los pocos ejemplos de políticas de Estado que se lograron implementar en Mendoza por varias décadas. Esto es así porque el radical Iglesias le dio un fuerte impulso desde la provincia, que tomó su sucesor, el también radical Julio Cobos. La gobernación de quien llegara a ser vicepresidente de la Nación con Cristina Fernández, continuó con lo que Iglesias había dejado inconcluso: el armado de todo el andamiaje legal para la creación de lo que muchos imaginaban como “un pequeño Silicon Valley” enclavado en el oeste argentino. Más tarde, los peronistas Celso Jaque y Francisco Pérez a lo largo de sus gestiones se ocuparon de llevar adelante la construcción de las primeras naves del Polo TIC, hasta llegar a la actual de Alfredo Cornejo, quien se encargó de la inauguración y la expansión de uno de los centros de desarrollo vinculado con las nuevas tecnologías más importantes del país.
Días atrás, cuando en esta columna nos ocupamos de lo que está ocurriendo en el mundo en torno al avance de la robótica y a esa suerte de preocupación que existe en Occidente por lo que puede llegar a ser una de sus consecuencias no deseadas, como la del “desempleo tecnológico”, desde el Polo TIC me llamaron para corregir una de mis aseveraciones o interpretaciones –debo admitir– apresuradas de mi parte. Había dicho que la política se tenía que involucrar de lleno en el problema para adelantarse a los problemas que vamos a tener en un futuro llamativamente cercano.
“Marcelo, en Mendoza hace tiempo que nos estamos ocupando de estos temas y es en uno de los pocos aspectos en los que los intereses partidarios, políticos y –si querés– electorales, no se han mezclado. Estamos ocupados en el asunto y te sorprenderías de ver todo lo que se ha logrado”, me dijeron.
Tanto es así que hoy, desde el Polo TIC ubicado en Godoy Cruz, se lanza lo que esperan se transforme en uno de los temas de la campaña electoral, si lo logran. Se trata de incluir a la tecnología en la agenda política. Irán Cornejo, Laura Montero como la representante máxima de la Legislatura; los miembros de la Suprema Corte de Justicia en donde Mario Adaro, uno de sus ministros, se ha convertido en uno de los impulsores más entusiastas de la movida, intendentes y los candidatos de cada uno de los frentes y partidos que van a competir por la Gobernación en las próximas elecciones.
Recientemente, el Parlamento argentino viene de prorrogar el régimen de Promoción de la Industria del Software, que vencía a fin de año. Fue durante la gestión nacional de Néstor Kirchner cuando se le otorgó a la industria del conocimiento tecnológico esa serie de beneficios impositivos que seguirán teniendo vigencia por unos cuantos años más. El régimen contempla la reducción del 60 por ciento del Impuesto a las Ganancias determinado en cada ejercicio, la conversión de un bono de crédito fiscal intransferible del 7 por ciento de las contribuciones patronales abonadas, la estabilidad fiscal y la exención de retenciones y percepciones del IVA. Las actividades como la biotecnología, la nanotecnología y las industrias aeroespacial y satelital han sido las alcanzadas con el beneficio prorrogado.
En Mendoza ya existen 450 empresas registradas del universo de las nuevas tecnologías. El desempleo es cero y hasta Mendoza Tech (una organización mixta compuesta por el Estado y la UNCuyo) ha lanzado una licitación para contratar capacitadores de recursos humanos por la demanda existente. Las empresas resultan ser pymes o micropymes de no más de dos o tres empleados que tienen ingresos mensuales del orden de los 120 mil a 130 mil pesos. Son jóvenes, la mayoría de ellos, de los últimos años del secundario o de los primeros de la universidad los que allí trabajan. Los mendocinos ya lograron exportar el primer videojuego desarrollado íntegramente en la provincia y el primer cliente ha sido Japón.
El Polo TIC desarrolló la aplicación del seguimiento del proceso educativo de los chicos en la escuela que aplica la DGE y otras que miden la situación del tránsito en los accesos viales mendocinos. También surgió la que se utiliza para el alquiler de bicicletas públicas en los departamentos que ofrecen ese servicio y, quizás, la empresa tech más famosa del país, Belatrix, con sucursales en Estados Unidos, Lima y Colombia.
