Su nombre ya es bandera, su persona es monumento, sus anécdotas ya son historias. No es un gran profesor, ni un empresario, ni un famoso deportista. Simplemente se recibió de hincha de fútbol y mostró su carnet desde niño.

Julio Roque Pérez, de 80 años dejará de gritar por Godoy Cruz Antonio Tomba. El Loco Julio era un hincha de tiempo completo. Vivió mil partidos como el primero, sintiendo la alegría de los triunfos de la Liga mendocina, de los ascensos y de la Primera división.

El Loco era un genuino full time del Tomba. En su juventud el Loco intimidaba con provocaciones o burlas hacia los hinchas rivales y no le tenía miedo a nada. Como Loco que era.

Ingresaba a la cancha del Feliciano Gambarte a “gastar” a los rivales de la otra tribuna y hasta una vez en un Godoy Cruz 0-Chacarita 1 (Nacional 1974), ingresó al final del encuentro con otro simpatizante para reclamarle al árbitro internacional Ángel Coerezza (dirigió en el Mundial de México 1970), por la mala actuación. El juez le pegó un pelotazo al Loco y el otro hincha le tiró un par de golpes de puño. Esta situación enardeció más a los hinchas tombinos  que en la calle produjeron desmanes y enfrentamientos con la policía. Después la AFA suspendió por 3 partidos la cancha de Godoy Cruz.

El Loco parecía grande pero sólo en el envoltorio. Porque era un niño, en mente, estacionado en los 11 o 12 años.

Cuentan que “una tarde calurosa de los años 70 a la orilla del zanjón ubicado frente al Cementerio de Godoy Cruz, se encontraban jugando un grupo de niños, uno de los cuales se resbaló y cayó al canal. Su amigo al tratar de socorrerlo corrió la misma suerte y cayó al canal. La corriente de agua los llevó a un sifón que se formaba por la pendiente del mismo, en ese momento Julio pasaba por el lugar, y al ver la alarmante situación no dudo en tirarse y logró rescatar a ambos. Pocos segundos después llegaron los bomberos al lugar y socorrieron a los niños, quienes fueron trasladados al hospital.

Ya pasado el tiempo, cuenta la mamá de uno de los niños, que durante muchos años Julio pasaba por su casa a saludarla y llevarle un presente en el día de la madre”.

Año  tras año en el Día del niño, pasaba con su carretela por el Campo Papa, donde cargaba algunos niños y los llevaba a la Coca Cola a festejar su día.

El Loco era bondadoso y el dinero era sólo un papel que se usaba para gastar. Como cuando sacó un premio grande de la Lotería de San Juan y le donó todo a la dirigencia del Tomba, que no pasaba por un buen momento económico.

Para el Día del padre o de la madre repartía unos papelitos escritos a mano con una salutación y pedía una colaboración. Siempre rodeado de chicos “de su misma edad” el Loco fue perdiendo fortaleza en sus gestos y su voz.

La vida le pasaba factura a su cuerpo con inviernos duros calentados a fueguito de leña, con sopas escasas, con yerbeado y un bollo de pan. Se desquitaba los domingos cuando iba a ver a su querido Tomba y no faltaban los bolsillos generosos que le alimentaban su hambre de choripán.

Los años de calma del Loco Julio que ya pasaba los setenta trajeron homenajes en vida como pocas personas han tenido. Desde la Municipalidad de Godoy Cruz le pusieron nombre al bulevar de la calle Balcarce con un monolito pintado por Natalio García y también cerca de la cancha unos simpatizantes gestaron la estatua del Loco, realizada por Daiana Lazzarín.

El club le dio carnet vitalicio, ropa deportiva original y las gracias eternas por tanto Loco Julio incondicional.

Los murales en varios lados de Godoy Cruz muestran  la imagen del Loco, hay videos, hay canciones que quedarán perpetuadas para ese hombre-niño que nació un 21 de febrero de 1940 y nos dejó un 12 de mayo de 2020.

Quizás marcó tendencia y fue el primer hincha en Mendoza en usar la camiseta del club durante las 24 horas. No necesitó tatuajes para identificarse con el Tomba porque su piel estaba impregnada de azul y blanco, a rayas verticales.