Se desplomaba el arquero chileno Roberto Rojas aturdido y herido por una bengala que cayó al campo del juego del mismísimo Maracaná y todo Brasil se paralizaba por el hecho el 3 de setiembre de 1989. Se suspendió el partido cuando Brasil se imponía 1 a 0, a los 22 minutos del segundo tiempo. Era el último encuentro del Grupo 3, de las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial de Italia 1990.  

Después se supo el escándalo y de la farsa que llevó a la suspensión del Seleccionado chileno. Pero toda esta historia tiene una estrecha relación con Mendoza y viene acompañada por un partido oficial que los chilenos fueron locales en el estadio Malvinas Argentinas, apenas una semana antes. 

La historia de 1989 

Eran tiempos de competencias Eliminatorias Sudamericanas divididas en tres grupos en donde los primeros accedían a la Copa del Mundo. Argentina por el ser campeón de México 1986 se clasificó directamente al ’90. 

El 30 de julio de 1989 la zona 3 se iniciaba con el triunfo de visitante por 4 a 0 en Venezuela. El 6 de agosto Chile, también de visita superó a los venezolanos 3 a 1.  

Vendría un encuentro fundamental en Santiago de Chile cuando igualaban 1 a 1 los trasandinos y Brasil, en el estadio Nacional el 13 de agosto. Ormeño (Chile) y Romario (Brasil) terminaron expulsados. Una crónica decía: “Chile y Brasil juegan en un repleto Estadio Nacional por un cupo en la copa del mundo. Es el partido de ida y el ambiente está muy enrarecido, principalmente por las declaraciones previas de integrantes de ambos planteles, y de la prensa que ha avivado el fuego. La situación es altamente tensa, tanto que a poco de comenzar el duelo Romario casi se va a las manos con Alejandro Hisis y Patricio Yáñez. Estaba empezando uno de los duelos más violentos que se tenga memoria y también el de los goles más raros”. 

Otro medio tituló “No fue un partido, fue una guerra”. Hubo incidentes entre algunos jugadores y el DT de Brasil con los carabineros y además el público chileno demostró un mal comportamiento contra la delegación brasileña con agresiones constantes. 

La sanción para Chile fue la suspensión para jugar como local en el próximo encuentro oficial.  

Brasil superó a Venezuela 6 a 0 el 20 de agosto y se venía el duelo entre chilenos y venezolanos. ¿Dónde jugaría de local Chile. Se decidió jugar en Argentina, más precisamente en Mendoza.  

El 27 de agosto de 1989 frente a 25 mil hinchas chilenos la Roja superó a Venezuela por 5 a 0. Con tres goles de Juan Carlos Letelier, uno de Patricio Yañez y uno de Jaime Vera, el equipo dirigido por Orlando Aravena tenía la esperanza intacta y dependía de sí mismo. 

Se venía el partido decisivo  

Igualados en puntos con Brasil aguardaba el último cotejo en Río de Janeiro en el mítico Maracaná. 

Pero tras el triunfo en Mendoza, la cabeza de Aravena comenzó a gestar un hecho inaudito que traería imborrables y malos recuerdos.  

Fue el autor intelectual de lo que alguna vez se denominó “el mayor fraude futbolístico de todos los tiempos”.  

Aravena como todo Chile sabían que sólo un triunfo de Chile le daría el pasaporte al Mundial porque una igualdad llevaría a desempatar por diferencia de goles y ahí Brasil tenía más.  

Entonces se gestó el engaño y la actuación en donde Aravena involucró al arquero Roberto Rojas, como actor principal,y  como actores de reparto al defensor Fernando Astengo, además del fisioterapeuta Alejandro Kock, el utilero Nelson Maldonado. Hasta el mismísimo presidente de la Federación Chilena, Sergio Stoppel resultó involucrado.  

El primer tiempo terminó 0 a 0 y a los 4’ del segundo Careca (jugaba en Napoli con Diego Maradona) anotó el gol para alegría de 141.072 aficionados brasileños que estaban en las tribunas del majestuoso Maracaná. 

A Chile sólo le servía la victoria y estaba abajo. El plan del engaño esperaba hasta que comenzara su ejecución. Roberto Rojas sabía lo que tenía que hacer y sus cómplices también. 

El engaño 

A los 24 minutos de ese segundo tiempo una bengala cayó en el campo de juego unos metros atrás del arquero Rojas, que apenas escuchó el estallido y vio los uno destellos, se lanzó al piso acercándose al humo. Sacó de una costura en uno de sus guantes una cuchilla de afeitar  y se hizo un corte en la frente.  

El árbitro argentino Juan Carlos Loustau paró el partido y sus asistentes Espósito y Lamolina se acercaron hasta donde el arquero chileno era hasta asistido. Con sus rostro ensangrentado Rojas era sacado de la cancha y sus compañeros salieron con él. El plan había resultado hasta ahí. 

Las cámaras de la TV eran revisadas para ver si se había registrado la imagen mientras la jugada estaba en otra parte. Había poca y nada de evidencia sobre el suceso. 

Pero el fotógrafo argentino Ricardo Alfieri (hijo) de la revista El Gráfico disparó su cámara en el momento justo. Y contó hace unos días en una charla por zoom “Yo había disparado varias veces pero no se sabía lo que podía haber captado porque las cámaras no eran digitales. Recuerdo que a pedido de mis colegas brasileños revelé en el estadio y una foto registraba el momento exacto de la bengala pegando a más de dos metros del arquero y además se veía el haz de humo con la trayectoria”. Era el testimonio para desenmascarar la mentira. 

Pero en esos momentos la noticia daba vueltas al mundo y cuestionaban la seguridad del estadio y la agresión al arquero Rojas. En Chile la gente se agolpaba frente a la Embajada de Brasil en Santiago, pidiendo justicia. Todas las portadas de los diarios chilenos acusaban a los brasileños. 

El hecho podía desencadenar una grave sanción para el seleccionado brasileño y que le dieran por perdido el partido y así Chile se clasificaba a Italia ’90. 

El plan seguía su curso. Rojas, el DT, el capitán, el dirigente y la genta chilena acusaban la “barbarie” ocurrida en el Maracaná.  

Pero la investigación continuó. Sobre la frente de Rojas había un corte pero no se registraban muestras de pólvora producto de la explosión. Además no se explicaba el corte sobre la frente si el arquero estaba de espalda. Hasta que se expidió la FIFA con pruebas contundentes.  

Había sido una farsa. Un engaño. En diciembre de 1989 se conoció lo resuelto desde la FIFA . A Rojas (que jugaba en San Pablo) lo suspendieron de por vida, los demás implicados recibieron sanciones por 5 años. El partido se le dio por ganado a Brasil por 2 a 0. Lo más duro fue la selección de fútbol de Chile. Por supuesto que no fue el Mundial de Italia 1990 y fue sancionada para participar de las Eliminatorias para el Mundial de EE.UU. 1994.   

No fue el plan perfecto y se descubrió que engaño. A Chile le costó muy caro. El Cóndor Rojas no jugó más al fútbol profesional.