Buenos días, a pesar de todo. Varias veces me he referido al escozor que me produce un sector de nuestra sociedad que a la hora de contar los platos rotos pone cara de yo no fui, y, además de hacerse el desentendido como perro que tumbó las ollas, nos indica cómo debemos vivir, cómo debemos actuar para ser felices en nuestra miseria. Me refiero al sector de los señores empresarios que integran eso intangible, tantas veces anónimo y definitivamente millonario llamado el establishment, o sea, el sistema. Nada más y nada menos que el sistema que nos sistematiza con sus poderes ostentosos u ocultos y arma las condiciones para que la cosa funcione o no. Tantas veces criticamos a los políticos por sus metidas de pata y por sus interesadas operaciones, que deberíamos dejarles un espacio de crítica a estos señores con autos de seis cifras, con casas tan fastuosas que uno sólo de sus dormitorios alcanzaría para hacer un barrio de unidades habitacionales, y con pasados de dudosa procedencia, porque si les pedimos a los políticos que expliquen cómo se enriquecieron, y llamamos al dinero, dudosamente, enriquecimiento ilícito, algún día también deberíamos pedir que expliquen sus modos de hacer fortuna estos señores que fundan y funden empresas, abultan bancos extranjeros y no dudan en dejar cesantes a cientos de empleados porque los dividendos no son los calculados. Como dice un refrán: “El ser humano que hace buenas acciones se va al cielo, el que las vende, al Caribe”. Sabemos que muchos políticos han recibido favores durante su gestión y que en el cielo de sus ambiciones suelen cruzar cometas. Pero también deberíamos preguntarnos: ¿Quién bancó esos favores y quién paga el peaje de los astros errantes? ¿No le parece? Porque nunca una verdad es menos verdad que cuando se cuenta la mitad de la verdad. Pregunto: el concepto judicial de asociación ilícita, ¿sólo les cabe a los funcionarios? ¿No funca con los privados? Yo creo que el día que destapemos las ollas empresariales, el tufo que va a salir de ahí nos va a obligar a pedirle a Bilardo que nos preste un poco de nariz. Son ventajeros a lo grande. Uno sabe lo que es un ventajero doméstico, ese que te va a currar unas monedas mediante engaños casi infantiles, pero no conocemos las dimensiones de un ventajero a lo grande. Nos sorprenderíamos de saber los nombres que aparecen en la lista de los morosos del Impuesto Automotor y también la lista de morosos del Impuesto Inmobiliario. Si tiene oportunidad de revisarlas, hágalo. Se va a encontrar en ellas con nombres de conspicuos empresarios que no cumplen con sus obligaciones tributarias. La avaricia es uno de los pecados capitales pero parece que no existe sólo en la capital, también en las provincias. Ahí están, en esas listas que no mienten, escrachados por monedas, aquellos que, seguramente, coleccionan billetes de próceres norteamericanos en bancos suizos. Victor Hugo escribió Los miserables en 1862 pero, al parecer, la novela, sin perder la esencia, va actualizando sus personajes. ¿Se acuerdan de María Elena Walsh? “El mundo siempre fue de algunos elegidos: hoy es para el que elige lo más dinámico y rodeado de azafatas, sacrificándose por un millón o dos. Como él tiene de todo, menos tiempo, nos aconseja por televisión ahorrar, para tener status en la muerte, la eternidad en un reloj”, decía en una de sus creaciones.