Siempre contaba el mismo chiste, mi amigo el físico. Bah, nunca terminaba de contarlo o eso pensaba yo. Llegaba a un momento de la historia y se tentaba entonces nunca sabíamos si ahí terminaba o era tan graciosa que no podía seguir. La curiosidad es que sólo a él le causaba gracia. Era algo más o menos así: un grupo de inversionistas compra un caballo de carrera, hijo de un padrillo criollo y una yegua con un historial de carreras ganadas, notable. Pues bien, el caballo, la gran esperanza del grupo de inversionistas que lo había visto en algunas carreras previas a la compra, no lograba despegar. Nada. Un matungo en el pelotón de los del medio, tirando hacia los últimos. Nada. La mejor alimentación, el mejor jockey, nada. Llaman a profesionales de varias áreas y ninguno consigue ningún resultado. Llaman a veterinarios, nada. Llaman a los mejores nutricionistas de animales, nada. Llaman incluso a un sicólogo de animales, ningún resultado. Hasta que al final, ya cansados, deciden llamar a un físico. El científico estudia al animal, analiza diversos hipódromos del mundo y unos días después llama al grupo de inversores y dice: “Señores, tengo el resultado de mis investigaciones, mañana nos reunimos y les doy la solución”. Dicho y hecho, se juntan en la oficina de los inversionistas, el físico despliega unas filminas y empieza a explicar: “Señores, se toma un caballo esférico…”. Ahí, mi amigo el físico se tentaba y no podía seguir contando el chiste. Tardé en entender en que el chiste era ése y que le causaba gracia a él porque era físico. La gracia es que, como todos sospechamos, no hay “caballos esféricos” pero la física necesita que los haya para solucionar un problema teórico. Y por eso no es una solución práctica. Para que lo sea, se tienen que dar ciertas condiciones. Que muchas veces son imposibles de que se den en la realidad.

El gobierno de cosos que va de la Casa Rosada a Olivos llevando su caballo esférico obliga a las empresas a producir al tope de sus posibilidades y les dice que tienen que vender 2.000 productos al precio que tenían el 6 de marzo. Muy lindo caballo esférico que no se corresponde con la realidad en donde todos los costos subieron, el dólar que se consigue no es el dólar caballo esférico que se anuncia y muchos insumos son importados. Por lo demás, como ahora a cada provincia se le ha dado por hacer con sus límites lo que se le ocurre, aquello del libre desplazamiento por el territorio es una utopía y todo cierre es una canilla libre para la coima, todo se encarece pero el gobierno, montado en su caballo esférico, cabalga en su realidad inventada.

Cuando el Presidente Coso en alegre zoom de ex mandatarios regionales, elogia a líderes latinoamericanos que ya no existen, confunde su deseo con la realidad y pone en juego su caballo esférico. La realidad 2020 del subcontinente no es esa de las grandes palabras enmohecidas, un mix de canciones de Silvio Rodríguez y declaraciones de Maradona elogiando dictadores; lo que pasó en Latinoamérica en los últimos años fue que millones de personas decidieron por sí mismas que no querían esos líderes que adora el Presidente Coso; que esos paladines de la igualdad están en muchos casos presos no por altos ideales sino por bajas intenciones. Vamos, que los latinoamericanos no quieren caballos esféricos porque ya saben que no son la solución. A problemas reales prefieren soluciones reales.

El presidente Coso corriendo carreras de caballos esféricos con Lula, asegura como si fuese importante para alguien que el virus destruyó el sistema capitalista al tiempo que el sistema capitalista, en su centro Wall Street festejaba su mejor trimestre en 20 años.

La Primera Cosa Fabiola montada en su caballo esférico, recibe enfundada en un frasco de Glade Lavanda, a Battal M. Al Dosari, embajador de Qatar “para avanzar en un acuerdo de cooperación cultural bilateral” como si en algún lugar del organigrama estatal le correspondiese esa función. No importa, en su mundo, creerán que sí.

En todo el país, 61 silobolsas rotos. Están ahí, junto a daños a todo tipo de propiedades rurales. Los campos se han convertido en tierra de nadie donde una ridícula batalla ideológica que podría resumirse en que algunos defienden los bienes y otros defienden los males, tiene como respuesta de uno de los responsables de velar por vida y pertenencias de los ciudadanos, el Ministro de Coso Saín de la provincia de Santa Fe, también conocido como Capitán América ensamblado en Villa Banana: “Todo esto es un gran verso montado por Clarín, no me cabe ninguna duda. Esto se inscribe dentro del marco de una campaña realmente grande”, aplicando su caballo esférico, una solución que no es solución. Los ataques continúan. Y por si fuera poco, Rosario se acerca a la centena de asesinados en el año.

Para solucionar el tema de la pandemia, el gobierno coso largó a la carrera a varios caballos esféricos consiguiendo convertir el remedio en enfermedad en una carrera en la que todos estamos perdiendo. Entre los últimos caballos están el que dice que la culpa total es de la peste, no de la cuarentena; olvidando a propósito que la peste nos tocó, la cuarentena la decidieron. Por eso es importante recordar la diferencia entre pandemia, el virus que se metió en cada uno de los rincones del mundo, y cuarentena que es una de las maneras en la que los gobiernos del mundo tomaron para enfrentar la peste; esas estrategias que todavía no podemos calificar en un podio de éxito por la sencilla razón de que aún nada ha terminado. La vilipendiada Suecia, por ejemplo, que fue tildada por nuestro presidente Coso como “irresponsable” porque permitió que en Estocolmo salieran unos tipos a correr por los parques, presenta al día de hoy menos casos de coronavirus que Argentina, aunque habrá que superar apenas la mediocridad general y reconocer que nuestro país tiene 5 veces más habitantes que Suecia; claro que a nadie le importan estos datos porque una de las cosas que aprendimos en estos 120 días que pasamos en joggineta es que Argentina es mucho más anumérica de lo que pensamos. No sólo porque los maestros de la televisión pública hacen mal las cuentas y lo justifican diciendo que se ponen nerviosos frente a cámaras y cuánto uno aprende de los errores (en realidad, lo que parece que enseñan en la teve pública es a justificar cualquier metida de pata, una materia en la que el gobierno Coso tiene masters), no, sino especialmente porque en estas circunstancias en que hemos tenido que manejarnos con estadísticas y comparaciones vimos que no sabemos las tablas y que nadie se privó de mezclar peras con manzanas para asegurarte después que es sopa o ensalada eso que en realidad no es más que verdura o fruta. Así, cada día es un “record” de enfermos o de muertos pero no hay información en contexto porque eso quizás avive giles.

Primero largaron a correr que los que corren en la ciudad de Buenos Aires eran los culpables de todos los males y por eso merecían el gran castigo. Después, cuando tal despropósito se hizo insostenible, debieron confesar la verdad: era sólo un caballo esférico, una solución imposible a un problema real. Entonces por una vez el ministro de Salud Ginés Coso García dijo la verdad y confesó que sí, que era un gesto, que sabían que los runners no jodían a nadie pero cómo a vas tener una acción saludable como correr al aire libre si están todos muriéndose de odio. No, no, no. Vos te quedás adentro porque coso.

Pero claro, tanto caballo esférico lanzado a la carrera en los hipódromos nacionales iba a tener un resultado. Y el resultado es que gran parte de la sociedad no cree en casi nada de lo que el poder le propone (especialmente descree de las encuestas que dicen que ellos mismos, los que no creen, le cree mucho al presidente Coso) y eso es un problema grave para un gobierno que acaba de cumplir el 14,17% de su mandato, 207 días, y le quedan aún 1.254 para cumplir con los 1.461 que tiene por delante y que tendrá que completar democráticamente con la ayuda de todas las fuerzas políticas y sociales.

Aparece asesinado el ex secretario de la presidenta vice, el muchacho que una vez renunció a estar al lado de ella agobiado, según contó, por el maltrato y que volvió seguramente entusiasmado porque no hay muchos caminos de ascenso social tan empinados que le permitan a un asistente de una oscura repartición estatal en el interior de Santa Cruz convertirse en una de las grandes fortunas de la provincia en pocos años y con vaya uno a saber qué méritos. En tiempo récord, se denuncia su desaparición, secuestro, lo hallan muerto, encuentran a sus asesinos y descubren el móvil, todo esto contado por periodistas antes de que el juez abra la boca. Un crimen pasional ocasionado por tres personas, una especie de pluriamor del mal.

¿Es un caballo esférico lanzado para calmar a una opinión pública harta, encerrada y a punto de estallar? ¿Se pueden obviar las características del asesinado?. Es cierto que el muchacho nunca perteneció al programa de protección de testigos, sin embargo sí declaró como “imputado colaborador” corroborando datos calientes de la causa de los cuadernos. ¿Por qué tanta gente en el país pensó en Nisman? Quizás porque el que se quema con leche ve una vaca esférica y llora. ¿Y si de verdad es una patota enloquecida tratando de sacarle dinero a un rico vulnerable? Cuando se desconfía de todo, la convivencia se convierte en un espanto. Es un intríngulis sin salida porque no se puede creer en nada pero a la vez no se puede vivir sin creer en algo.

La Armada Brancaleone mediática salió con sus escuditos de tuits y lanzas de wasap a hablar del “novio” del muchacho, metiéndose en su vida privada como ya pasara con…, oh, casualidad, Nisman; responsabilizándolo por su supuesta “vida promiscua” en un ataque de moralina digna de otra centuria. A la lista de muertos por la peste parece que hay que agregar otra, al tiempo que se amenaza con meter presos a periodistas, todo en el mismo clima de encierro y angustia, un experimento social al que no se le ve buen fin.

El caballo esférico no existe, ahí está su gracia.

El caballo esférico es una solución imposible para un problema real. Ahora, si todas las soluciones propuestas son siempre el caballo esférico, deja de ser un chiste para ser el gran problema. Llegó el momento en que la sociedad entendió que el caballo esférico es sólo una excusa de gente que no sabe, no quiere y no puede implementar soluciones verdaderas.
La diferencia con mi amigo físico es que él sólo se reía de sí mismo. Y eso era gracioso.