En esta sección hemos mencionado antes que dos de los principales pilares de la salud para el cuerpo, a nivel físico, son la dieta y el ejercicio. Estos son dos campos amplios de conocimiento que pueden ser desglosados en muchos temas para analizar.

Hoy nos dedicamos a hablar del ejercicio físico en su faceta más pura: el aerobismo. Este tipo de ejercicio, en contraposición al anaerobismo, se caracteriza por poseer una intensidad de baja a moderada (y no fuerte), con ejercicios que implican más resistencia que fuerza, a lo largo del tiempo. Un ejercicio aeróbico típico debe ser sostenido con cierta intensidad pareja, sin descanso, durante al menos 30 minutos.

La idea detrás de la intención de practicar ejercicio aeróbico debe ser la de lograr una mejora en la calidad de vida a través del cuerpo y su salud. Para esto, el mismo debe ser practicado con constancia. El aerobismo no sirve de nada si se lo practica una vez, y luego transcurre mucho tiempo sin repetirlo, ya que el cuerpo “se desacostumbra” y pierde rápidamente la tonicidad lograda durante el ejercicio.

Beneficios

Oxigenación de la sangre.

Reducción de los niveles de glucemia en sangre (azúcar).

Quema de grasas, disminuye la flacidez de tejidos y aumenta la tonicidad muscular.

Liberación de endorfinas, sensación de bienestar.

Mejora la capacidad pulmonar por ejercicios respiratorios continuados.

Propicia la neurogénesis (regeneración de neuronas), y por ende aumenta la capacidad intelectual.

Disminuye los niveles de colesterol.

Rejuvenece los tejidos.

Teniendo todo esto en cuenta, podríamos decir que el ejercicio aeróbico actúa sobre 4 grandes áreas de nuestro organismo: el sistema circulatorio, la capacidad intelectual, el sistema respiratorio y la edad de los tejidos (y por supuesto, la manera en la que todos estos sistema interactúan en nuestro cuerpo). Entonces, a grandes rasgos podemos destacar que la práctica de ejercicio aeróbico continuado contribuye de forma importante a la salud del cuerpo.

Esto no implica que debamos olvidar todas las otras costumbres y hábitos ideales para proteger ese templo que es nuestro cuerpo.

Así es que, como es evidente, una buena dieta y todo otro tipo de cuidados resultan fundamentales a la hora de cuidar el cuerpo.

Una característica importante del aerobismo, y del ejercicio en general, es la capacidad de generar sensación de bienestar, ya que esto trasciende el cuerpo para hacer también a la salud de la mente y, como se dice habitualmente: “mens sana in corpore sano”, o bien “mente sano en cuerpo sano”. En nuestro organismo, todos nuestros sistemas están conectados, por lo que no serviría de nada enfocarnos en mejorar un aspecto del mismo si con ello existe negligencia en los demás.

Así es que, a partir de ahora, podemos estar seguros de que el cuidado de nuestro cuerpo puede comenzar por hacer ejercicio, tener una dieta adecuada, etc, pero el trabajo no termina allí.

Todo esto puede sonar como que es mucho trabajo, pero también podemos tratar a nuestra vida como un “círculo virtuoso” en el cual cada hábito beneficioso puede conllevar la práctica de otros, y el evitar hábitos perjudiciales. De otro modo, caemos en el permisivismo de “borrar con una mano lo que se escribe con la otra”, como vemos habitualmente en la sociedad en personas que, por ejemplo, se cuidan mucho durante la semana para cometer todo tipo de excesos durante el fin de semana, o bien que hacen mucho ejercicio pero luego se intoxican, perdiendo por un lado lo que se gana por el otro.

Tal vez es interesante plantear el tema como un pasaje de disciplina a toma de conciencia, ya que la disciplina suele implicar entrenar el cuerpo y la mente para hacer algo que de otro modo no haría, mientras que la toma de conciencia implica eliminar de raíz el problema de sentirnos tentados de hacer cosas que nos perjudican.

Así es que esta semana hemos sumado una página más al gran libro del cuidado del cuerpo que iremos compilando lunes tras lunes. ¡Esperamos que nos sigan acompañando!

Quique Fontán Balestra