No es una temporada como para decir ¡ ja, que bestia, el aluvión de turistas que ha venido! Por lo menos, no en nuestra provincia, donde los hoteleros están parados al frente de los hoteles, haciendo señas con un trapito blanco.
Tampoco están haciendo cola para entrar los turistas que han ido a los centros de turismo veraniego tradicionales en nuestro país. En la costa, la ocupación está muy por debajo de lo anunciado y lo mismo ocurre en Córdoba, donde están sobrando burritos para las fotografías. Es que hay una retracción fuerte por las circunstancias que está viviendo nuestro país y que de ningún modo difiere de las circunstancias en que siempre ha vivido nuestro país. La gente cuida el mango y, como a los hoteleros se les ha ocurrido cobrar cualquier locura por un alojamiento modesto, con cuatro camas, kichinet y vista al patio, muchos argentinos con posibilidades han preferido este año otros destinos.
Dicen que hay más de cuarenta mil compatriotas en Florianópolis, por ejemplo, y que en Camboriú, la bebida de más consumo es el mate playero de los argentinos. Nosotros, menducos al fin, montañeses al fin, y con ganas de agua hemos preferido Chile porque ahora, Chile nos conviene más que Argentina. Si ya es jodido vivir en Argentina, miren si va a ser fácil pasar las vacaciones aquí. Entonces, otra vez, el güevón y el compadre y otros epítetos que no me animo a mencionar se han vuelto a escuchar en las playas de Viña, Reñaca, Con Con y algunos derivados.
A pesar de las largas esperas que hay que hacer en la aduana, los menducos otra vez optaron por el mar, aunque sea un mar más frío que novia enculada. Y ahí están pieles y adiposidades mendocinas sobre la arena fina de las playas chilenas, tentándose con las ofertas del Savory helado y de los pancitos de La Ligua. Comenzaron las vacaciones, che, chicas y muchachos, no se demoren mucho con la vuelta, que aquí hay un señor llamado 2009 que los está esperando. No se olviden.