¡Hagamos, tenemos que hacer, este es el momento, esta es la oportunidad! ¡A hacer, que se vienen las elecciones! Este puede ser el pensamiento de muchos políticos en estos momentos coyunturales. Estamos a poco más de un mes de los comicios y es fundamental que el pueblo vea que los políticos hacen. Después no hacen nada por cuatro años, pero en estos meses, el hacer es indispensable. Entonces recojamos bien la basura, limpiemos acequias, hagamos puentes, impulsemos las reformas en las rutas.
Yo digo, si es por esto, sería bueno que hubieran o hubiesen elecciones cada seis meses, así los políticos no pararían de hacer. Claro que la cosa tiene su contrapartida, porque los trabajadores agrupados en distintos gremios y/o agrupaciones también piensan: ¡Vamos, vamos! Tenemos que protestar. Si no les sacamos ahora lo que queremos, después va a ser mucho más difícil. ¡A la calle, a la calle!
Y entonces se manifiestan y el centro de la ciudad se transforma en un pandemonio de autos parados, gente que no sabe que los micros cambian de recorrido y se quedan horas esperando en la parada, móviles policiales, inspectores municipales que cortan el tránsito para que el tránsito se vuelva más despelotado todavía. Un despelote de aquellos en una ciudad por la cual transitar diariamente en un día común, sin manifestaciones de tipo alguno, ya es un desastre.
Es el momento, los del Gobierno no quieren líos que les empañen la campaña y los laburantes saben que es el momento de hacer ruido, ahora, cuando están en campaña. Mientras tanto, un compadre de un puesto de San Carlos salió al patio, patio que se extiende hasta el horizonte, se cebó un mate amargo, como es su gusto, y dijo: por aquí, todo tranquilo.
