Fue un fin de semana caliente y sangriento, que dejó la peor cara, para repensar y actuar seriamente: la muerte de un adolescente, bajo una balacera, en tierra de nadie, donde la droga no da respiro. Así, el miedo y la preocupación entre los pobladores de diversas zonas complejas del Gran Mendoza no dejan de crecer. De ahí la indignación, el desconcierto y la impotencia por trágicas muertes que también podrían ser evitables. Es que las pujas entre bandas y los ajustes de cuenta por comercialización de estupefacientes vuelven cada vez más a la escena, sin descanso. Por eso, la necesidad de mayor presencia del Estado, pero no sólo con seguridad, control y con todo el peso de la ley, sino con medidas de fondo efectivas que ataquen la problemática, que también es multicausal.
De igual modo, hoy, más que nunca, hace falta un accionar coordinado, rápido y sostenido entre las fuerzas de seguridad y la Justicia, por el bien de todos.