Tras el anuncio de dejar sin efecto la imposición de un tributo del 10% a vinos y espumantes, el gobierno de Mauricio Macri daría marcha atrás con la suba prevista para la cerveza.
La decisión de desactivar el aumento del impuesto a la cerveza del 8 al 17% es lógica ya que mantenerlo agravaba las distorsiones del sistema impositivo actual y no cumplía con el argumento que justificaba el impuestazo: cumplir con los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La OMS sostiene una regla sencilla, a mayor graduación alcohólica mayor carga tributaria. La graduación del vino, en promedio triplica la de la cerveza, de manera que mantener la eliminación del primero y duplicar el segundo era un disparate. Por eso, los cerveceros han sido indirectos beneficiarios del efectivo lobby de los gobernadores.
