Buenos días, a pesar de todo. Dicen las mediciones de las empresas especialistas en encuestas que el rating de Tinelli está bajando de manera abrupta. Puede ser que los argentinos empecemos a darnos cuenta de que, por más que la pavada se vista de luces, gritos y famosos, igual sigue siendo una pavada. Afirman los medidores que el rating de la presidenta también baja considerablemente y en estos momentos sólo la ven los que únicamente pueden acceder por aire al canal oficial, y, además, quieren verla.. Pero, Cristina hace caso omiso de las encuestas y sigue hablando y sigue hablando y sigue hablando. Hablar mucho suele no servir para aclarar pero sí para confundir.
Debería recordar aquel refrán que dice “Procura que tus palabras tengan algo más importante que decir que tu silencio”. En una aparición volvió a agarrársela con nuestro gremio, el de los periodistas. Insiste en castigarnos la señora. No voy a salir en defensa de todos los periodistas porque sé que entre nosotros hay muchos que siguen pensando que el periodismo es un negocio y no una vocación de servicio. Esta vez, la presidenta dio nombre, apellidos y familiares del criticado: Sergio Bonelli, militante de las huestes de Clarín. Dijo la suprema señora que Bonelli había recibido favores monetarios de la ex YPF gallega sin mediar ninguna prestación por el favor: lo que en el fútbol se llama incentivo ¿vio? Bonelli se defendió contestando que todos sus ingresos estaban declarados, o sea, en blanco.
Tengo dos consideraciones. La primera: si la presidenta sabe, conoce irregularidades debería denunciarlas, no solamente proclamarlas. El caso constituye un soborno; si lo quieren más legal, un delito de cohecho y tiene su figura en el Código Penal. Si –me voy para el otro lado– Bonelli está totalmente limpio, como él dice, ¿por qué no le inicia a la presidenta acciones legales por calumnias e injurias? ¿Queda todo entre charlatanes, no? Que los periodistas sean sobornados no me extraña, son muchos los casos en la historia de las noticias del país. Pregunto: el Gobierno, este gobierno, ¿jamás le pagó plata de más a algún periodista de los suyos? ¿Qué sueldos les paga el Gobierno a sus periodistas? Voy más allá.
El Gobierno, ¿no les pone plata fuerte, muy fuerte, en pautas publicitarias que se difunden a los medios que son sus acólitos? ¡Por favor! Que no se vengan a hacer los santos los que han dormido varias noches en el infierno. Como dice el refrán: “El muerto se ríe del degollado”. La última: Cristina pidió un código de ética para el periodismo. ¿Y por qué no un código de ética para los políticos? Usted me contestará, bueno, para eso está la Constitución. Es cierto señora, pero para nosotros también. El dedo que acusa, ¿no es el mismo dedo con el que antes nos hemos limpiado los mocos?
