Faltan apenas 10 días para las elecciones. Y debemos saber algunas cosas al respecto. Por ejemplo: no es lo mismo cándido que candidato. Candidato es una persona que aspira a un cargo, y cándido es alguien ingenuo. Sabrán ustedes a quiénes me estoy refiriendo.

    Los candidatos son los candidatos y los cándidos somos nosotros. Porque nosotros creemos en las promesas electorales. Lo que podríamos llegar a creer es si algún candidato nos dijera: lo único que prometo es hacer todo lo posible porque nuestro país, nuestra provincia esté mejor.

    Esto sería creíble, no quiero decir que lo haga, pero por lo menos es más convincente que proponer cosas que después no van a poder cumplir: porque si nosotros ganamos las elecciones, vamos a sacar una ley que obligue a la gente a ser feliz, y si no quiere ser feliz, que se vaya al extranjero. O si no, nosotros vamos a elaborar una ley que obligue a los perros a mantener el arbolado público.

    Si nosotros somos favorecidos con vuestro voto, vamos a sacar una ley estatizando a los pobres; a partir de esa ley, todos los pobres van a ser argentinos.

    No sirven las promesas porque, bueno, ya nos hemos basado al votar en promesas que nunca se cumplieron. Ahora, chicas y chicos, pongamos un poco más de atención. Nos toca ahora a nosotros ser protagonistas, vamos a decidir nosotros, esmerémonos en hacer el trabajo bien, porque, en los últimos años, debemos reconocer que hemos votado para la misma misma. Los políticos tendrán sus falencias, sus actos de corrupción, sus engaños, sus inoperancias, pero nosotros para votar somos bastante malitos.

    Ya sé, usted me dirá “las opciones no son muchas”, es cierto, pero dentro de lo que hay, a ver si elegimos la manzana que esté menos machucada. Vamos a confrontar con el cuarto oscuro. Y ahí no hay velas ni linternas que valgan, salvo las de nuestra decisión.

    Se llama cuarto oscuro porque el voto es secreto, o sea, el sistema impide que un tercero conozca la identidad del ciudadano que ha emitido el voto. Por eso cuarto oscuro, porque nadie puede observar ni controlar el voto. Así que si al salir de la escuela lo agarran los de las encuestas a boca de urna, usted bien puede decirle “andá e informate qué quiere decir un secreto”. Vamos a entrar al cuarto oscuro, lo único que falta es que, encima, cerremos los ojos.