Hay quienes piensan que el ser humano funciona según una máxima del mínimo esfuerzo en todos los aspectos de su vida y declaran que la búsqueda de la estabilidad, la seguridad y el control es el deseo primario de toda persona. Estas sentencias se basan en inferencias a similitudes de sistemas biológicos e inclusos físicos haciendo alusión a la segunda ley de la termodinámica. Somos seres de lenguaje, nos constituyen los relatos y las razones le dan fuera a esos relatos, más si suenan a verdades comprobables a través de hechos medibles o en coherencia con otros sistemas cuantificables. En estos últimos años la verdad esencial que la naturaleza humana busca por sobre todo la tan apreciada “tranquilidad” ha sido puesta en jaque, desde la física cuántica han surgido postulados sobre el funcionamiento del cerebro y el aprendizaje emocional y tal vez en pocos años gracias a las supercomputadoras seamos capaces de validar la cognición cuántica y aceptemos como verdad comprobada la verdad evidente pero poco aceptada: “Somos seres antagónicos”.

Gran parte de los conflictos que experimentamos en la vida están motivados por nuestras fuerzas antagónicas. Deseamos una pareja para toda la vida, la buscamos, la cultivamos y la deseamos, pero también buscamos la adrenalina del romance en sus inicios y estamos dispuestos a experimentar el amor a escondidas. De igual forma aspiramos a un trabajo estable con un buen sueldo a final de mes que nos dé la tranquilidad suficiente para planificar una vida, sin embargo anhelamos y admiramos la libertad de quien es su propio jefe y administra su tiempo libremente. Nos quejamos por estar gordos, pero amamos una buena cena incluso excesiva de vez en cuando. Y así podemos mirar hacia cualquier área de nuestra vida y fácilmente encontrar las fuerzas antagónicas que animan y transforman en batalla el día a día.

Si la vida de cada uno fuese una película, el guionista sabría que sólo sería una buena película si el personaje es capaz de enfrentarse a todas la fuerzas antagónicas que lo agobian. Un sistema en contra, un proyecto que no avanza, una serie de relaciones de pareja fracasadas. Al iniciar la película el creeriamos que el personaje busca estabilidad y éxito en su vida para poder ser feliz, sin embargo una buena trama es aquella que permite que el personaje mismo se transforme durante la película y en un punto de quiebre se da cuenta que no busca éxito ni tranquilidad. Al encontrar su verdadero objeto del deseo obtiene otro nivel de fuerza y comprensión y es capaz de vencer a las fuerzas antagónicas representadas por conflictos externos. Sin embargo, los conflictos sólo son un reflejo de su propio interior.

Al igual que el principio de superposición de la física cuántica, un fotón está simultáneamente en forma de partícula y de onda y sólo elige uno de ellos frente a la mirada del observador. Esto podría significar que nuestra naturaleza es querer en igual medida la estabilidad de un sueldo a fin de mes y la libertad del trabajo independiente y que sólo nos damos cuenta cual de ellas elegimos al momento de experimentarla. Desde la astrología este funcionamiento antagónico es la “normalidad” de un sujeto, porque justamente al igual que una película, en la potencia de sus fuerzas antagónicas subyace su fuerza motriz. Cada persona tiene reflejado en su carta natal el funcionamiento de su búsqueda de estabilidad/Saturno, expansión/Júpiter, libertad/Urano y transformación/Plutón.

Si tomamos en cuenta el sentido común, la estructura de un buen guión, la física cuántica y la astrología tenemos argumentos de sobra para atrevernos a experimentar el antagonismo de nuestros deseos y no creer que la receta para una buena vida es la represión mal llamada coherencia.