¿Cómo andamos como país? Y se nota algunos signos de reactivación importantes en nuestras cuentas, pero, claro, eso no se nota en el bolsillo. Todavía manda la mishiadura en gran medida. Hay gente que no saca la basura, la entra; en algunos lugares, la gente saca la basura en tarritos de azafrán. Hay gente que la última vez que vio un billete de cien pesos aparecía la imagen de Roca tomando la comunión.
Y pensar que el nombre Argentina proviene del latín argentum que significa plata. Visionario el vago que le puso el nombre, si parecemos todos descendiente de los indios diaguitas o de los comechingones, porque ya comemos cualquier güevada. El asunto de la corrupción sigue mandando, hay políticos que nacieron pobres pero honrados y con el correr del tiempo han podido superar ambas dificultades. Los empresarios tampoco se salvan. Un empresario incorruptible es aquel que pide sobornos demasiado altos.
Hace unos días se conoció un ranking de la organización Transparencia Internacional, que es una organización que fabrica lencería fina para mujeres. No, no; es una organización que se ocupa de medir el grado de corrupción de los países. El análisis fue realizado sobre 163 países del mundo entero. En algunos no pudieron realizar el estudio porque para realizarlo le pedían coimas muy altas. Pues bien, sobre 163 países, el nuestro, Argentina, aparece en el puesto 99, o sea, entre los niveles de los más corruptos.
¿No me digan que no es una noticia alentadora, que nos debe llenar de orgullo? La clasificación se hace con números del uno al diez, diez el mejor cero el más corrupto. Pues nosotros alcanzamos un magro 2, 9 puntos. Los más puros son Finlandia, Islandia y Nueva Zelanda con 9,6. ¡Qué lejos estamos! ¿no? Ahora bien, yo comencé embromando en este monólogo pero el dato ¿es para reirnos? De ninguna manera, porque la corrupción implica pobreza, injusticia social, discriminación. Si las cosas se hicieran como se deben hacer, si no existieran coimas, comisiones, partidas reservadas, juicios comprados, cuñas, acomodos, sueldos en negro o balances fraguados habría muchos menos pobres en nuestro país, pero muchos menos.
Aquí se habla del enriquecimiento ilícito. Habría que hablar del empobrecimiento ilícito, porque en un país como el nuestro, la pobreza es un delito que unos pocos cometen con millones. Estamos en el puesto 99 en el ranking de la corrupción. Y no sé si este año nos salvamos del descenso directo. Chau, se la sigo la próxima.
