El gobernador Rodolfo Suarez le pidió conciencia a la gente ante el pico de contagios por coronavirus en la provincia. Que se cuide lo más que pueda y se quede 15 días en sus hogares para que las cifras no continúen disparándose. Una medida que fue bien recibida a pesar del tiempo que lleva la cuarentena. Lo denominó aislamiento voluntario para no retroceder de fase. Pero un sector de la sociedad parece no haber comprendido –o no le interesa– el mensaje y continúa su vida como si nada hubiese sucedido.

Las noticias sobre encuentros clandestinos, con decenas o cientos de personas, se repiten a diario y generan malestar social porque la gran masa de habitantes cumple con las disposiciones. A pesar de esto, parece que no importa contraer una enfermedad que puede costar la vida, poner en riesgo a otras personas o violar un artículo del Código Penal o el Contravencional porque los encuentros ilegales no cesan.

Es un comportamiento que no debería pasar desapercibido y se incorpora un escenario de incertidumbre. Son conductas cuestionables que podrían costar caro y otros pagarán los platos rotos. ¿Es culpa de los organismos de control o simplemente no importa violar la normativa vigente?

Parece que está más relacionado a la segundo. No se puede poner un policía o a un funcionario municipal en cada esquina barrial o sector turístico para controlar. No tiene sentido. La claridad tiene que venir del autocontrol para que podamos estabilizar una enfermedad que le está costando caro al Estado.