A horas de que finalice el 2020, un año marcado por la crisis sanitaria, es momento de hacer balance y abrazar el nuevo año con una lista de propósitos y objetivos en los que la salud, la felicidad y el bienestar sean los pilares fundamentales.

“Año nuevo, vida nueva”, dice un viejo refrán. En este sentido, la agencia de noticias EFE compartió una serie de consejos ofrecidos por el GrupoLaberinto, el último concepto de psicoterapia, que advierte que es importante vivir el presente.

Obsesionarse con el pasado o con el futuro, ambos están fuera del control, es una de las principales causas de ansiedad y angustia. Disfrutar lo que se vive aquí y ahora, es esencial para sentirse satisfecho con su vida y por tanto, ser feliz.

La felicidad está en vos. Algo muy común y muy equivocado es creer que otras personas son responsables de la propia felicidad. Es importante que se aprenda a ser feliz de manera independiente, las demás personas (familia, amigos, pareja, entre otras) son complementos de la felicidad, no su origen.

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Establecer metas. De esta manera se va a conseguir ser más consciente de sus logros. Hay que plantearse metas realistas y no saturarse, la finalidad es ver resultados, no colapsar. Cada meta establecida y superada es un paso más para acercarse a la felicidad.

Hacer ejercicio. Científicamente la actividad física produce proteínas y endorfinas que se sienta feliz, y si a esto se le suma la mejora de la imagen, hay una bomba de felicidad al alcance de las manos. Se puede empezar poco a poco con unos minutos al día, y aumentar conforme pase el tiempo y según las necesidades.

Dormí más. Dormir ayuda al cuerpo a recuperarse, ayuda a ser más productivos y positivos. Conseguir un descanso adecuado disminuye la sensibilidad ante las emociones negativas, lo que va a traer beneficios a la salud mental y a la felicidad.

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Salí al aire libre. Dar un paseo, sentir el aire fresco en la piel y ver la luz del día, hará sentir renovado y descansado a cualquiera. Solo 20 minutos al día pueden traer grandes mejoras en el estado de ánimo y ayudar a afrontar con una mejor actitud el día y la semana por delante.

Voluntariado. Los actos de bondad son gratificantes. Por pequeña que sea la ayuda. Hace sentir a las personas parte de la comunidad y mejora la imagen personal, dando como consecuencia: felicidad.

Sonreí. Reír no solo aparenta felicidad, si no que la origina, disminuyendo el estrés y aumenta las endorfinas. El cuerpo no es capaz de distinguir entre una risa falsa o real, por lo que se puede empezar obligándose unos minutos al día, hasta que se consigas una sonrisa real.

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Meditar. Es una manera de despejar la mente y calmar los pensamientos, por lo que ayuda a mantener una visión clara de las metas. Unos minutos al día puede ayudar a cesar las dudas y conservar una buena actitud.

Dar las gracias.  Agradecer, de corazón. Ser consciente de todo aquello que se tiene que agradecer, genera beneficios emocionales y aumenta los niveles de satisfacción personal.

Conectar con lo que te hace feliz. La rutina y la edad son en ocasiones el motivo por el que se cree que ciertas actividades no están hechas para uno mismo. Hay que olvidarse de esto y encontrar algo que le haga feliz.

Buscar algo nuevo todos los días. Ser más observador y notar los pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos es una buena manera de vivir el presente. Lo conocido aporta cada vez menos satisfacción, además de que seguro encuentra algo que antes le parecía insignificante y que ahora le da felicidad.

Desconectar de los problemas. Realizar actividades con las que disfrutar y que requieran un alto grado de concentración son ideales para olvidar por un periodo de tiempo los problemas, y así dar un descanso muy necesario a la mente.

Ponerte en primer lugar. Es necesario equilibrar la agenda. Por más ocupado que se esté, en algún momento de la semana debería de haber un espacio, única y exclusivamente para uno.

Construye tu red social. No, no se habla de esas redes sociales. Se trata de conocer gente, de quedar con amigos o familia que de verdad estén ahí. Socializar tiene beneficios infinitos y hacerlo detrás de una pantalla no los da.

Aprender de las experiencias. Hay que vivir las experiencias en el presente. Si prestamos más atención a construir recuerdos, y menos a los objetos y al pesimismo, conseguirás mejoras notables en tu estado de ánimo.

Dejar el pesimismo. Hay que ser capaces de ver el “vaso medio lleno”, e intentar encontrar el lado positivo de cada situación, ya sea buena o mala. Hay que tener presente que al final, todo lo que se vive deja un aprendizaje.

Redefinir los valores. Hay que apartarse de todo aquello que causa ansiedad o estrés, y que justificamos con el hecho de que son obligaciones. Ordenar las prioridades le ayudará a decidir si aquello que le hace infeliz, merece la pena seguir en su vida.

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Evitá las comparaciones. Compararse con otra persona no va a aportar nada positivo. Cada persona tiene una historia propia y diferente que no tiene nada que ver con la suya. La única historia que importa para su felicidad es la que uno vive.

Perdoná. La única manera de dejar el pasado atrás es con el perdón. El peso de los rencores impide avanzar en el camino hacia la felicidad, así que la primera tarea es reflexionar sobre aquello que ha hecho daño para poder iniciar el proceso del perdón. Es duro, pero quitar el peso de los hombros valdrá la pena.